sábado, 28 de febrero de 2026

Segundo domingo de Cuaresma. Ciclo A

 


Hoy el Evangelio nos habla del hecho histórico de la transfiguración de Jesús, que todos conocemos.  

Jesús, que vivió entre los hombres siempre en condición humana, debería haber vivido siempre transformado en la Persona divina que realmente era. En el Monte Tabor Jesús apareció ante sus discípulos con una apariencia que reflejaba su divinidad. Podríamos decir que en la Transfiguración no se realizó propiamente un milagro singular, sino que el milagro fue aparecer siempre como hombre, siendo Dios. 

La transfiguración de Jesús fue un anticipo analógico de lo que va a ser nuestra condición humana, cuando toda la Humanidad sea transformada, transfigurada, resucitada. Resucitaremos en cuerpos gloriosos, para vivir eternamente con Cristo Resucitado, tal vez en este mismo mundo en el que vivimos, “resucitado”, es decir totalmente transformado, como piensan algunos teólogos. Este mundo al que la Sagrada Escritura llama “Nuevos Cielos y nueva Tierra”, podría ser el receptáculo de los cuerpos gloriosos. 

El hecho de recordar hoy la transfiguración de Jesús nos recuerda la total transfiguración que recibimos en el Sacramento del Bautismo, transfiguración bautismal, en el que fuimos transformados o transfigurados personalmente en cuanto al cuerpo, que quedó convertido en templo vivo del Espíritu Santo, y el alma convertida en sagrario de la Santísima Trinidad. Entonces se realizó una transfiguración personal, pues el hombre, nacido en pecado original, quedó convertido en hijo de Dios por la gracia. 

Esto nos impulsa, hermanos, a que vivamos totalmente transformados como hijos de Dios. Es decir, que en cierto sentido nos anticipemos a vivir en la Tierra la resurrección gloriosa del Cielo, pues si hemos sido en el bautismo transformados en Cristo, resucitemos en Él a la vida de la gracia.

 La razón es muy clara. Nos la da el apóstol San Pablo escribiendo a los filipenses: “Somos ciudadanos del Cielo y peregrinos en la tierra”. Por lo tanto, como ciudadanos del Cielo tenemos que llevar la condición propia del Cielo que es la transfiguración en Cristo Jesús. 

¿Y quiénes son los que viven como hijos de Dios? Los que hacen y viven un pacto con Dios, como Abrahám. El pacto de Abrahám con Dios consistió en que Dios se comprometió a ser Padre de Abrahám y Abrahám  a ser hijo de Dios. Así también tiene que ser el pacto del cristiano con Dios, vivir como hijo del Padre, porque el Padre será siempre padre del hombre bautizado, viviendo esta alianza, como ciudadano del Cielo, pisando tierra. Así hermanos, transformados en Cristo por el Bautismo, hemos de vivir la “transfiguración” bautismal desde la óptica de la fe, cambiando el sentido de todas las realidades humanas y terrestres.

Haciendo las salvedades convenientes, y en sentido analógico, podríamos decir que de la misma manera que en Jesucristo hay una sola persona divina y dos naturalezas, divina y humana, así nosotros también tenemos una sola persona que es humana, con dos naturalezas, la naturaleza humana que corresponde a nuestra  propia persona y la naturaleza divina que corresponde a la gracia de Jesucristo.          

sábado, 21 de febrero de 2026

Primer domingo de Cuaresma. Ciclo A

 


Desde los primeros siglos del cristianismo se observó en la Iglesia la práctica de la oración y penitencia, como una norma evangélica de vida cristiana. Con el tiempo, en el seno de las comunidades cristianas fue naciendo progresivamente el espíritu de cuaresma. Las primeras alusiones directas aparecieron en Oriente, a principios del siglo IV, y en Occidente, a fines del mismo siglo. En la evolución de la liturgia se fue configurando el año litúrgico, dando primordial importancia al Adviento y a la Cuaresma, como tiempos fuertes de oración y penitencia. En el Adviento los cristianos se preparaban especialmente para celebrar la Navidad, el 25 de Diciembre para conmemorar el nacimiento de Jesús. Se debe esta institución a la Iglesia de Roma, que quiso suprimir el culto al dios del sol, “natalis solis invicti”, nacimiento del sol victorioso, que se celebraba en el paganismo con un culto idolátrico, orgías y actos profanos, excesivamente sensuales y sexuales de todo género. La liturgia de Roma cambió esta celebración por el culto al nacimiento de Jesucristo, el Sol, que vino al mundo a iluminar a todos los hombres para la salvación. En la Cuaresma, los antiguos cristianos se dedicaban, de manera intensiva, a la preparación de la Pascua, en la que se celebraba la Resurrección del Señor, tema central de la vida de la Iglesia.

La Cuaresma ha tenido siempre un carácter especialmente bautismal en el que se funda el carácter penitencial, porque es una Comunidad bautismal-penitencial-eclesial. En ese tiempo santo, los cristianos de los primeros siglos solían bautizarse y celebrar el sacramento de la Penitencia. Los grandes pecadores, apartados de la Iglesia por sus pecados graves, eran reinsertados a ella por el sacramento del perdón, principalmente en la Vigilia Pascual. 

La Iglesia recuerda en la Cuaresma los cuarenta años que el pueblo de Israel caminó por el desierto hacia la Tierra Prometida y los cuarenta días y cuarenta noches que Jesús permaneció en el desierto en oración y ayuno, antes de comenzar su vida pública y realizar el misterio de la Redención. 

La cuarentena penitencial nos une todos los años, durante cuarenta días y cuarenta noches al Misterio de Jesús en el desierto (Cat 540). Es un tiempo apropiado para los ejercicios espirituales, las liturgias penitenciales, las privaciones voluntarias, como el ayuno, la limosna, la comunicación cristiana de bienes, obras caritativas y misioneras (Cat 1438) y las peregrinaciones, como signo de penitencia. Se recomiendan reuniones de oración, celebraciones de la Eucaristía, del sacramento de la Confesión y celebraciones de la Palabra.

Última reforma de la Cuaresma 

El Concilio Vaticano II ha estructurado la Cuaresma como un tiempo especial de oración, de intensa escucha de la Palabra de Dios y penitencia, con una orientación pascual-bautismal (SC 109). Ha fijado su tiempo desde el miércoles de Ceniza hasta el jueves Santo, misa in Coena Dómini. Es el tiempo de una experiencia oficial en el misterio pascual de Cristo: “Padecemos juntamente con Él, para ser también juntamente glorificados” (Rm 8,17). 

Tentaciones de Jesús 

La tentación es una inclinación al pecado, provocada por distintas causas: el diablo, naturaleza corrompida, enfermedad y vicios. Su significado es prueba, como cuando Dios probó a Abraham para probar su fe pidiéndole que sacrificara a su hijo Isaac; y seducción al pecado por el demonio, una persona o cosa. 

La tentación es intrínsecamente mala porque procede del mal y al mal inclina. Moralmente es buena y meritoria si se rechaza y mala si se consiente.

 Conversión 

Mientras el cristiano recorre su camino por el desierto del mundo hacia la eternidad, debe cursar la carrera de la conversión con el fin de conseguir el Cielo. Comprende las siguientes asignaturas complementarias: conocimiento de Cristo, estudio de la palabra de Dios, lucha contra el pecado, vida de gracia, oración, Confesión y Eucaristía. 

La conversión es lo mismo que cristificación, pues toda la vida cristiana es una permanente y progresiva santificación o perfección evangélica en diversas etapas y modalidades. Es el tema fundamental de toda la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, pues toda la Palabra de Dios en todos sus libros inspirados invita al hombre, de manera reiterada, a la conversión, que es tarea de todo cristiano, y no de unos cristianos privilegiados. Consiste en responder a la santidad que cada uno tiene que cursar, según la vocación que del Espíritu Santo ha recibido en el bautismo. 

Conversiones varias: 

1 Conversión de los infieles 

La conversión es propia de todos los hombres: conversión de los infieles a la fe de la Iglesia, que celebra el día del Domingo, domingo mundial de la propagación de la fe católica en que todos los cristianos de todo el mundo hacemos una campaña de oraciones, sacrificios y ayudas económicas a favor de los países de todo el mundo con el fin de conseguir que todos los hombres se hagan cristianos, se bauticen, conozcan a Cristo, los dogmas de la Iglesia Católica y se salven con más facilidad.

 2 Conversión de pecador en justo 

También tienen que convertirse los grandes pecadores que llevan una vida disoluta, de espaldas a Dios, lejos de la Iglesia o contra ella, entre los que se pueden contar, tal vez, nuestros familiares, compañeros, amigos o vecinos. Tenemos que pedir por la conversión de los pecadores, por supuesto, y también por todos los hombres, y por nosotros también, que somos pecadores. 

3 Conversión del bueno en santo 

A los ojos de Dios, no sabemos quiénes necesitan más la conversión, si los que viven en países de misión, carentes de la fe verdadera, los creyentes de otras religiones, católicos no practicantes, católicos cumplidores de la Ley, o los santos, que habiendo llegado a ser santos, no fueron tan santos como pudieron y debieron. 

La conversión de todos los hombres, en sí misma, es un misterio que efectúa la omnipotente sabiduría de la infinita misericordia de Dios, de muchas maneras misteriosas, en la Iglesia Católica, y fuera de ella en suplencias. 

4 Conversión bautismal 

Según la doctrina de la Iglesia, la primera conversión cristiana tiene lugar en el bautismo, porque este sacramento convierte al hombre, nacido en pecado, en hijo de Dios, heredero de su reino, y lo incorpora al Cuerpo místico de la Iglesia. El bautizado, por medio de una regeneración espiritual, adquiere una segunda naturaleza, un complejo sobrenatural de la gracia santificante, virtudes y dones del Espíritu Santo. Con estas potencias el cristiano crece y se desarrolla por medio de la oración, sacramentos y buenas obras hasta conseguir el fruto total del bautismo, que es la visión y gozo de Dios eternamente en el Cielo. 

5 Conversión sacramental 

Cada vez que el cristiano recibe un sacramento convierte su conversión bautismal en conversión sacramental de gracia si lo recibe con las debidas disposiciones. En el sacramento de la Penitencia, por ejemplo, el alma del cristiano que está en estado de pecado grave se convierte en estado de gracia, o el alma que está en estado de gracia se convierte en un progreso de perfección. 

6 Conversión teológica

 Toda conversión supone la gracia inicial de Dios, pues nadie puede convertirse sin la previa ayuda divina, que espera del hombre una respuesta responsable. La conversión es una empresa sobrenatural limitada entre Dios y el hombre en la que Dios regala su gracia y el hombre colabora a ella, de maneras diferentes. Una vez recibida la gracia, para perseverar en ella se necesita también la ayuda divina. Se realiza con el ejercicio de la oración, obras buenas y actos de caridad. Cada vez que el cristiano hace un acto bueno, en estado de gracia, se convierte en un hijo mejor. Solamente la misericordia infinita de Dios sabe el secreto de la conversión y su proceso en cada uno de los cristianos. 

7 Conversión cósmica 

Todos los seres creados tienen una belleza teológica en el conjunto del Universo, según la planificación divina, que el entendimiento humano no alcanza a descubrir. La perfección de las criaturas se aprecia de manera relativa y de modo imperfecto en la Tierra, pues la realidad total del Universo creado y su finalidad suprema se observa solamente desde el Cielo, desde la visión intuitiva.

Este mundo, deformado por el pecado, es conocido por la ciencia en una pequeñísima parte, pues incluso los sabios saben menos de lo que les queda por conocer, porque el Universo nunca será totalmente conocido. La maravilla de la Creación cumple el fin establecido por Dios, y tendrá su final, aunque no sabemos cuándo ni cómo, pero este mundo no será aniquilado o convertido en un caos, sino transformado en otra realidad diferente, infinitamente superior y mejor que la existente. Sus características no están reveladas, por lo que todo lo que se diga o escriba sobre este hecho venidero es pura imaginación, y no realidad teológica. La Sagrada Escritura llama a esta transformación “Cielos nuevos y Tierra nueva”, morada en la que vivirán los resucitados con Cristo en condiciones de lugar y estado que no conocemos. A esta transformación, que sucederá al fin de los tiempos, se puede llamar conversión cósmica, porque abarca todas las cosas creadas

 

sábado, 14 de febrero de 2026

Sexto domingo. Tiempo ordinario. Ciclo A

 




En el salmo responsorial de este domingo, el pueblo cristiano responde a la proclamación de la palabra de Dios con una frase profundamente bíblica y teológica: dichosos los que caminan en la voluntad de Dios. Ofrezco unas reflexiones espirituales sobre este tema por si a alguien puede hacerle algún bien.

Seres del Universo

En el Universo, desde la perspectiva de visión sencilla, no científica, sino popular, se pueden contemplar cuatro espacios: espacio sideral, espacio acuático, espacio terrenal y espacio humano.

Espacio sideral

En el espacio sideral existen millones de seres astronómicos, grandes y pequeños, conocidos y por conocer, que son una obra fantástica y artística creada por Dios con su naturaleza propia, leyes cabales que caminan puntualmente según la voluntad del Señor. Todo lo que sucede es bueno, y si alguna cosa hay que tiene apariencia mala, su finalidad última es buena, pues está planificada por la infinita sabiduría bondadosa de Dios, que es Amor, y no puede equivocarse.

Espacio acuático

En el espacio acuático, inmenso de océanos mares y ríos que bañan la tierra, viven peces innumerables. Las aguas son vivienda de animales acuáticos, objeto de estudio para los científicos, curiosidad para los observadores y alimento para millones de hombres. Es un abismo que sobrecoge de admiración, causa miedo por su bravura, potencia, y deja atónitos a los simples observadores.

Espacio terrenal

La tierra es una misteriosa perfección en su ser natural, leyes, habitantes en millones incontables, diversidad en clases en seres, cuyo conocimiento supera todo entendimiento e imaginación del más sabio de los geólogos y científicos de todos los tiempos. Es habitáculo de tantas plantas que pululan con variedad, diversidad y hermosura, que adornan los campos con su belleza y son deleite para obsequios y adornos suntuosos; morada de múltiples y variados animales de toda especie, que pueblan toda la planicie del globo terrestre, y dejan abismados a los expertos y estudiosos de las ciencias naturales y entusiasmados a los simples observadores.

Todos los habitantes irracionales cumplen puntualmente la voluntad del Señor, porque están creados por su sabiduría infinita, que nunca se equivoca y por consiguiente caminan cumpliendo siempre las leyes santas de Dios, Creador.

Espacio humano

Además de los entes inanimados que hay en el Universo, en la tierra existe el hombre, el ser más perfecto de la Creación, microcosmos o pequeño mundo de todo o creado, porque tiene parte de reino mineral, parte del reino vegetal, parte del reino angélico y parte del reino divino porque está creado por Dios a su imagen y se semejanza. Es, por consiguiente, un resumen de la Creación, que está gobernado por las leyes físicas del cuerpo humano, la parte vegetativa de las plantas, por la ley moral, la parte espiritual del alma, ser inteligente y libre. El hombre que voluntariamente no cumpla la ley divina no es un ser perfecto. El santo es la perfección suma en el hombre porque cumple la voluntad de Dios en todas las leyes.

Los mandamientos son guías que encauzan necesariamente todos los seres por el sitio que tienen que ir para que sean lo que tienen que ser en el plan de la providencia de Dios Creador. Los mandamientos morales hacen que los hombres cumpliendo libremente la voluntad de Dios sean más perfectos y santos; no son obstáculos que impiden la libertad del hombre al no hacer lo que quiere o gusta. La santidad consiste en el cumplimiento de los mandamientos, pues esa es la voluntad de Dios


sábado, 7 de febrero de 2026

Quinto domingo. Tiempo ordinario. Ciclo A



En la primera lectura de la liturgia de la Palabra de este domingo, Dios nos dice: Comparte tu pan con el hambriento, texto que yo voy a utilizar para hablar de este tema. 

Entre los muchos males que sobrevinieron al hombre con el pecado original, se hizo presente la injusticia social, de manera que en el mundo hay bastantes hombres que poseen mucho, son muy ricos, y muchísimos que son muy pobres, contra la voluntad de Dios que quiere que toda la riqueza sea distribuida equitativamente entre los hombres en proporción justa, como medio para que todo puedan conseguir la felicidad eterna. 

Dios condena el hambre como pecado contra la justicia social. Es un hecho, tristemente comprobado, que hay en el mundo una tremenda desigualdad de posesión de bienes, que clama al Cielo, de tal manera que millones de niños, hombres y mujeres se mueren de hambre, habiendo suficientes medios de producción en la Tierra para que todo el mundo tenga lo suficiente o necesario para vivir dignamente, como decía el Papa bueno, Juan XXIII por culpa, digamos de todos los hombres en general. Es verdad que el problema de garantizar el bien común integral de los hombres corresponde, en primer lugar, a las autoridades civiles y políticos, pero no es menos cierto que también a la Iglesia que trabaja por el bien común del hombre, hijo de Dios; y corresponde también a cada cristiano que debe cumplir la justicia social. Por consiguiente, nadie debe excluirse del gravísimo problema de hambre que existe en el mundo. La Iglesia tiene la misión suprema de salvar al hombre, con el fin específico sobrenatural de la salvación eterna, que incluye también los medios materiales y humanos para conseguirlo; y tiene además el deber evangélico de atender a los más pobres, por mandato de Jesucristo. En este día, en que celebramos el día de la jornada mundial del hambre en el mundo, cada hombre y cristiano debe cuestionarse: ¿Qué debo hacer yo en la campaña contra el hambre en el mundo, si no tengo en mis manos el poder? ¿Cómo voy yo a dar algo, si necesito todo o casi todo para vivir? Tal vez sea este tu caso, pero creo que todos podemos dar, algunos mucho, otros bastante y algunos algo, teniendo en cuenta que Dios premia nuestra generosidad, no por la cantidad de lo que damos, sino por la calidad del amor con que lo damos. El que da lo que tiene y puede da todo. Recordemos el ejemplo de la viejecita del Evangelio que echó en el cepillo todo lo que tenía para vivir y Jesús dijo que había echado más que otros que echaban en cantidad monedas valiosas. 

El bautismo nos obliga a vivir en Dios y con Dios, siendo hermanos con todos los hombres de distinta manera, y debemos ayudar también a los que son pobres que son también hermanos nuestros a quienes tenemos que ayudar con nuestros bienes que son también de ellos en cierto sentido. A nosotros nos sobran muchas cosas, mucha ropa que tenemos almacenada en el armario para uso de nadie; nos sobra acaso dinero que no necesitamos para vivir ni para la previsión razonable del futuro, y ese dinero también es de los que lo necesitan. Hay en el mundo mucha falta de comida para millones de hombres, mujeres y niños que se mueren de hambre inculpablemente; y muchos niños que no saben leer ni escribir porque no tienen colegios ni maestros que les ayuden a conseguir una cultura media en su País; y muchos enfermos que necesitan la salud y no disponen de hospitales, ni de medicinas ni médicos que los curen; y muchos niños, hijos de nadie, abandonados, que no tienen una familia ni una sociedad digna y justa, y están abocados al dolor y a la muerte, por no tener orfanatos o casas de acogidas que los atiendan, al menos espiritualmente. 

Y además de todo esto, que es mucho, no tienen Iglesias ni misioneros que les enseñen a conocer y amar a Dios, a la Virgen María, madre de todos los hombres, a rezar y a saber que existe un Dios, Padre, y que nos espera una vida eterna, llena de gozo en la visión y posesión de Dios eternamente, como premio a los males que han sufrido con paciencia en esta vida, por culpa de la injusticia de los hombres. 

Tengamos en cuenta: 

1ª Dios es Creador y Padre de todos los hombres.

2ª Todos los hombres somos hijos de Dios y hermanos entre sí.

3ª Todos los bienes de la Tierra fueron creados por Dios para el bien de todos los hombres, de manera que cada uno tenga adecuadamente lo justamente necesario para que pueda vivir honradamente.

4ª En casos extremos de necesidad, todos los bienes son comunes, de tal manera que el que no tiene nada por pobreza involuntaria, puede apropiarse de los bienes propios de otro para comer, como un derecho.

 

Seamos generosos en la campaña contra el hambre que organiza Manos Unidas, dando para los pobres que pasan hambre no de los bienes que nos sobran, sino también de los que necesitamos, si es que queremos ser cristianos y compartir el amor de Dios entre los hombres.