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sábado, 27 de diciembre de 2025

Sagrada Familia. Ciclo A

 





Se podría concebir que la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo en única divinidad, es la familia divina y eterna de la que proceden todas las cosas, y es la referencia de toda familia humana.

En el plano humano, la Sagrada Familia, San José, María Santísima y el Niño Jesús constituyen, en perfecta unión humana y divina, el modelo ejemplar de toda familia natural o instituida. Hagamos algunas reflexiones pastorales sobre la Familia.

Dignidad y autoridad en la familia

La autoridad en la Sagrada Familia no era igual que en las demás familias humanas, en las que la autoridad la suele ostentar el padre o la madre o ambos de común acuerdo. El hijo no tiene más autoridad que la obediencia. En cambio, en la familia de Nazaret, la persona menos importante en dignidad era la autoridad máxima, al estilo judío. La Virgen María, persona más digna que San José por ser Inmaculada y Madre de Dios ejercía también la autoridad en mutuo consenso con su esposo San José. El Niño Jesús Persona divina, no tenía más autoridad que la obediencia, como nos dice el Evangelio: Jesús bajó con sus padres a Nazaret y siguió bajo su autoridad”. Y, sin embargo, tenía más dignidad que San José y María, porque eran personas humanas. El Niño Jesús ayudaría a San José en las tareas del taller y del campo, y a María en las ocupaciones domésticas de la casa, no por obediencia sino por amor redentor.

La autoridad es servicio de amor

El amor es la autoridad en la familia. Cuando dos se quieren mucho, el uno sirve al otro y le presta los servicios que necesita no por autoridad ni obligación, sino por amor, lo contrario es justicia, tiranía o egoísmo. Las tres personas de la Sagrada Familia estaban tan íntimamente unidas en el amor, que era el único móvil de toda acción familiar. San José amaba tanto a su esposa María que todo lo hacía por Ella no por autoridad sino por la ley jerárquica del amor; y dedicaba también todo su trabajo, fatigas y esfuerzos por su hijo, el Niño Jesús, por la ley del corazón. Y lo mismo María, como esposa y madre todo su pensar, querer y hacer era para su esposo San José a quien amaba humana y espiritualmente como a Ella misma con el amor de Dios; y amaba por encima de todo a su Hijo, Jesús, con corazón de madre de Dios. ¡Qué misterio de amor! Dios creador de sus padres y, a la vez, sumo a ellos que eran hombres.

La Sagrada Familia modelo de toda familia humana

La sagrada familia es modelo de toda familia humana e instituida, porque en ella resplandecían el amor verdadero y todas las virtudes necesarias para la convivencia familiar.

En toda familia, fundamento de la Sociedad y de la Iglesia, tiene que existir la felicidad y la paz humanamente posible: amor afectivo o efectivo en el trato humano de palabra, aunque sea de estilo bondadosamente político, comprensivo con la manera de ser de cada uno y respetuoso con los ideales; y también comportamiento común de justicia y caridad, porque hoy en la familia hay miembros de distintas ideologías, culturales y religiosas y no religiosas. La convivencia en la familia en la que uno está obligado a vivir es muy difícil. Para que haya paz en ella es necesario soportar muchos sacrificios y renuncias por parte de todos los miembros.

La familia cristiana tiene que tener por mira a la Sagrada Familia para imitar sus virtudes. Es pensable que San José y María, como eran diferentes en el ser y en el obrar, algunas cosas de uno no les gustarían al otro, cosa natural, como suele pasar en los esposos muy enamorados, incluso entre santos, porque las diferencias accidentales del ser y obrar, aunque no gustan, se aceptan por el amor. Raramente hay una persona que guste totalmente a la persona amada, pues el amor por muy grande y perfecto que sea, conlleva sufrimientos de cosas o cosillas que no gustan de la persona amada, y la única solución es la comprensión mutua del amor sacrificado.

Los padres de Jesús cuando no entendían ciertos comportamientos misteriosos del Niño, los comprendían con amor, guardando todas las cosas en el corazón, sin comentarlos ni criticarlos, y ni siquiera pensarlos, aceptando por fe las decisiones de su Hijo que no les gustaban, porque eran hombres y sabían que su Hijo era Dios.

Muchas veces en las familias, entre esposos que se quieren mucho, entre padres e hijos y hermanos, que se llevan bien, se rompe o se enfría el amor por tontadas de soberbia, amor propio o cabezonería. ¡Qué cosa más humana y cristiana es dar la razón a quien no la tiene en aquello que realmente es igual o no tiene mayor importancia! La razón de los hombres que discuten acaloradamente la llevan subjetivamente todos, algunos o ninguno, pues solamente Dios sabe quiénes llevan la razón. Es mejor muchas veces dar la razón a quien no la tiene en cosas pequeñas, sin trascendencia, triviales por amor a la paz familiar que defender las cosas con guerra.

La Sagrada Familia es modelo de todas las virtudes que tenemos que imitar, cada uno la que más necesite para vivir en paz con uno mismo, con los miembros de su propia familia y, sobre todo, con Dios que es quien juzga a todos en justicia y verdad.

sábado, 28 de diciembre de 2024

Sagrada Familia. Ciclo C




Se podría concebir que la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo en única divinidad, es la familia divina y eterna de la que proceden todas las cosas, y es la referencia de toda familia humana.

En el plano humano, la Sagrada Familia, San José, María Santísima y el Niño Jesús constituyen, en perfecta unión humana y divina, el modelo ejemplar de toda familia natural o instituida. Hagamos algunas reflexiones pastorales sobre la Familia.

Dignidad y autoridad en la familia

La autoridad en la Sagrada Familia no era igual que en las demás familias humanas, en las que la autoridad la suele ostentar el padre o la madre o ambos de común acuerdo. El hijo no tiene más autoridad que la obediencia. En cambio, en la familia de Nazaret, la persona menos importante en dignidad era la autoridad máxima, al estilo judío. La Virgen María, persona más digna que San José por ser Inmaculada y Madre de Dios ejercía también la autoridad en mutuo consenso con su esposo San José. El Niño Jesús Persona divina, no tenía más autoridad que la obediencia, como nos dice el Evangelio: “Jesús bajó con sus padres a Nazaret y siguió bajo su autoridad”. Y, sin embargo tenía más dignidad que San José y María, porque eran personas humanas. El Niño Jesús ayudaría a San José en las tareas del taller y del campo, y a María en las ocupaciones domésticas de la casa, no por obediencia sino por amor redentor.

La autoridad es servicio de amor

El amor es la autoridad en la familia. Cuando dos se quieren mucho, el uno sirve al otro y le presta los servicios que necesita no por autoridad ni obligación, sino por amor, lo contrario es justicia, tiranía o egoísmo. Las tres personas de la Sagrada Familia estaban tan íntimamente unidas en el amor, que era el único móvil de toda acción familiar. San José amaba tanto a su esposa María que todo lo hacía por Ella no por autoridad sino por la ley jerárquica del amor; y dedicaba también todo su trabajo, fatigas y esfuerzos por su hijo, el Niño Jesús, por la ley del corazón. Y lo mismo María, como esposa y madre todo su pensar, querer y hacer era para su esposo San José a quien amaba humana y espiritualmente como a Ella misma con el amor de Dios; y amaba por encima de todo a su Hijo, Jesús, con corazón de madre de Dios. ¡Qué misterio de amor! Dios creador de sus padres y, a la vez, sumo a ellos que eran hombres.

La Sagrada Familia modelo de toda familia humana

La sagrada familia es modelo de toda familia humana e instituida, porque en ella resplandecían el amor verdadero y todas las virtudes necesarias para la convivencia familiar.

En toda familia, fundamento de la Sociedad y de la Iglesia, tiene que existir la felicidad y la paz humanamente posible: amor afectivo o efectivo en el trato humano de palabra, aunque sea de estilo bondadosamente político, comprensivo con la manera de ser de cada uno y respetuoso con los ideales; y también comportamiento común de justicia y caridad, porque hoy en la familia hay miembros de distintas ideologías, culturales y religiosas y no religiosas. La convivencia en la familia en la que uno está obligado a vivir es muy difícil. Para que haya paz en ella es necesario soportar muchos sacrificios y renuncias por parte de todos los miembros.

La familia cristiana tiene que tener por mira a la Sagrada Familia para imitar sus virtudes. Es pensable que San José y María, como eran diferentes en el ser y en el obrar, algunas cosas de uno no les gustarían al otro, cosa natural, como suele pasar en los esposos muy enamorados, incluso entre santos, porque las diferencias accidentales del ser y obrar, aunque no gustan, se aceptan por el amor. Raramente hay una persona que guste totalmente a la persona amada, pues el amor por muy grande y perfecto que sea, conlleva sufrimientos de cosas o cosillas que no gustan de la persona amada, y la única solución es la comprensión mutua del amor sacrificado.

Los padres de Jesús cuando no entendían ciertos comportamientos misteriosos del Niño, los comprendían con amor, guardando todas las cosas en el corazón, sin comentarlos ni criticarlos, y ni siquiera pensarlos, aceptando por fe las decisiones de su Hijo que no les gustaban, porque eran hombres y sabían que su Hijo era Dios.

Muchas veces en las familias, entre esposos que se quieren mucho, entre padres e hijos y hermanos, que se llevan bien, se rompe o se enfría el amor por tontadas de soberbia, amor propio o cabezonería. ¡Qué cosa más humana y cristiana es dar la razón a quien no la tiene en aquello que realmente es igual o no tiene mayor importancia! La razón de los hombres que discuten acaloradamente la llevan subjetivamente todos, algunos o ninguno, pues solamente Dios sabe quiénes llevan la razón. Es mejor muchas veces dar la razón a quien no la tiene en cosas pequeñas, sin trascendencia, triviales por amor a la paz familiar que defender las cosas con guerra.

La Sagrada Familia es modelo de todas las virtudes que tenemos que imitar, cada uno la que más necesite para vivir en paz con uno mismo, con los miembros de su propia familia y, sobre todo, con Dios que es quien juzga a todos en justicia y verdad.






sábado, 30 de diciembre de 2023

Sagrada Familia. Ciclo B

 


Dentro del ciclo litúrgico de la Navidad celebramos tres fiestas importantes: el nacimiento de Jesús, la Sagrada Familia y la solemnidad de la Madre de Dios, el 1 de Enero. 

Concibiendo las cosas en un sentido eterno podríamos decir que la Santísima Trinidad, Tres Personas Divinas y un solo Dios verdadero, es la Santísima Familia Trinitaria de la que proceden todas las cosas y es símbolo y referencia de toda familia humana. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, son tres Personas distintas, realidades divinas inconcebibles en la única esencia divina. “Al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna divinidad, adoramos tres Personas distintas, de única naturaleza e iguales en su dignidad” proclamamos en el prefacio de la solemnidad de la Santísima Trinidad. 

En la Tierra existió en el tiempo la Trinidad humana de la salvación gloriosa, la Sagrada Familia de Nazaret, San José, la Virgen y el Niño,  modelo perfecto de toda familia natural e instituida.

En Nazaret había tres personas distintas en dignidad y  en orden jerárquico de disciplina familiar. La Persona más digna de las tres fue, sin duda, el Niño Jesús, que era Dios y, sin embargo, fue el inferior en el orden jerárquico de autoridad, pues estaba sujeto a la obediencia de los padres, como nos dice el Evangelio en el relato de la escena del Niño perdido y hallado en el templo: “Jesús bajó con sus padres a Nazaret y siguió bajo su autoridad”. Después la Virgen que después de Jesús tenía la segunda dignidad, Madre de Dios,  y, sin embargo, estaba a las órdenes de San José. Y por último, San José, la autoridad familiar jerárquica, que era el que menos dignidad tenía.

La sagrada familia es modelo de toda familia humana e instituida porque en ella resplandecen todas las virtudes necesarias para la convivencia familiar. El Hijo, obediente a los padres en todo, José  ejerciendo la autoridad jerárquica con sumisión amorosa a María, y María obedeciendo a José con sumisión amorosa, y todos, unidos íntimamente en el amor y en la acción familiar, mirando el bien de la trinidad de Nazaret. 

Los padres de Jesús cuando no entendían ciertos comportamientos misteriosos del Niño, los comprendían con amor,  guardando todas las cosas en el corazón, sin comentarios ni críticas, y ni siquiera pensamientos, aceptando por la fe las decisiones de su Hijo en quien creían como en Dios.  

Porque todos los hombres descendemos de un tronco común, Adán y Eva, somos hermanos que formamos una misma Comunidad humana. La humanidad es una familia de hijos de Dios como miembros de una misma naturaleza, en la que todos los hombres debemos vivir en fraternidad con respeto mutuo a las libertades legítimas y defensa y obediencia a los derechos humanos y divinos. 

La Iglesia es también la gran familia de los hijos de Dios a la que pertenecemos los bautizados en la fe de Cristo, y a la que pertenecen también todos los creyentes de todas las religiones, de una manera o de otra, y todos los hombres del mundo. 

Todos juntos debemos amarnos como hermanos y comprendernos, no en el sentido de que nosotros, por ser buenos y virtuosos, tenemos que comprender solamente a los demás que tienen defectos o pecados, y pedir a Dios fuerzas para ejercitar esa comprensión, en cierto sentido, soberbia y no caritativa, sino sabiendo que nosotros también somos objeto de la comprensión para los demás. 

Todos sufrimos y necesitamos la comprensión, unos más y otros menos, de una o de otra manera; unos porque debemos aguantar los defectos de los otros; y los otros porque tienen que sufrir los defectos, carácter o virtudes de los unos. También tenemos que comprender todos a Dios, porque tenemos que aceptar por fe los designios de Dios, que nos hacen sufrir.

sábado, 25 de diciembre de 2021

Sagrada Familia. Ciclo C

 

Se podría concebir  que la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo en única divinidad, es la familia divina y eterna de la que proceden todas las cosas, y es la referencia de toda familia humana.   

En el plano humano, la Sagrada Familia, San José, María Santísima y el Niño Jesús constituyen, en perfecta unión humana y divina,  el modelo ejemplar de toda familia natural o instituida.  Hagamos algunas reflexiones pastorales sobre la Familia.

 Dignidad y autoridad en la familia

 La autoridad en la  Sagrada Familia no era igual que en las demás familias humanas, en las que la autoridad la suele ostentar el padre o la madre o ambos de común acuerdo. El hijo no tiene más autoridad que la obediencia. En cambio, en la familia de Nazaret, la persona menos importante en dignidad era la autoridad máxima, al estilo judío. La Virgen María, persona más digna que San José por ser Inmaculada y Madre de Dios ejercía también la autoridad en mutuo consenso  con su esposo San José. El Niño Jesús Persona divina, no tenía más autoridad que la obediencia, como nos dice el Evangelio: “Jesús bajó con sus padres a Nazaret y siguió bajo su autoridad”. Y, sin embargo tenía más dignidad que San José y María, porque eran personas humanas. El Niño Jesús ayudaría a San José en las tareas del taller y del campo, y a María en las ocupaciones domésticas de la casa, no por obediencia sino por amor redentor.

 La autoridad es servicio de amor 

El amor es la autoridad  en la familia. Cuando dos se quieren mucho, el uno sirve al otro y le presta los servicios que necesita no por autoridad ni obligación, sino por amor, lo contrario es justicia, tiranía o egoísmo. Las tres personas de la Sagrada Familia estaban tan íntimamente unidas en el amor, que era el único móvil de toda acción familiar. San José amaba tanto a su esposa María que todo lo hacía por Ella no por  autoridad  sino por la ley jerárquica del amor; y dedicaba también todo su trabajo, fatigas y esfuerzos por su hijo, el Niño Jesús, por la ley del corazón. Y lo mismo María, como esposa y madre todo su pensar, querer y hacer era para su esposo San José a quien amaba humana y espiritualmente como a Ella misma con el amor de Dios; y amaba por encima de todo a su Hijo, Jesús, con corazón de madre de Dios.  ¡Qué misterio de amor! Dios creador de sus padres y, a la vez, sumo a ellos que eran hombres.

  La Sagrada Familia modelo de toda familia humana

La sagrada familia es modelo de toda familia  humana e instituida, porque en ella resplandecían el amor verdadero y  todas las virtudes necesarias para la convivencia familiar.

En toda familia, fundamento de la Sociedad y de la Iglesia, tiene que existir la felicidad y  la paz humanamente posible: amor afectivo o efectivo en el trato humano de palabra, aunque sea de estilo bondadosamente político, comprensivo con la manera de ser de cada uno y respetuoso  con los ideales; y también comportamiento común de justicia y caridad, porque hoy en la familia hay miembros de distintas ideologías, culturales y religiosas y no religiosas. La convivencia en la familia en la que uno está obligado a vivir  es muy difícil. Para que haya paz en ella  es necesario soportar muchos sacrificios y renuncias por parte de todos los miembros.

La familia cristiana tiene que tener por mira a la Sagrada Familia para imitar sus virtudes.  Es pensable que San José y María, como eran diferentes en el ser y en el obrar, algunas cosas de uno no les gustarían  al otro, cosa natural, como suele pasar en los esposos muy enamorados, incluso entre santos, porque las diferencias accidentales  del ser y obrar, aunque no gustan, se aceptan por el amor. Raramente hay una persona que guste totalmente a la persona amada, pues el amor por muy grande y perfecto que sea, conlleva sufrimientos de cosas o cosillas que no gustan de la persona amada, y la única solución es la comprensión mutua del amor sacrificado. 

Los padres de Jesús cuando no entendían ciertos comportamientos misteriosos del Niño, los comprendían con amor, guardando todas las cosas en el corazón, sin comentarlos ni criticarlos, y ni siquiera pensarlos, aceptando por fe las decisiones de su Hijo que no les gustaban, porque eran hombres y sabían  que su Hijo era Dios. 

Muchas veces en las familias, entre esposos que se quieren mucho, entre padres e hijos y hermanos, que se llevan bien, se rompe o se enfría el amor por tontadas  de soberbia, amor propio o cabezonería. ¡Qué cosa más humana y cristiana es dar la razón a quien no la tiene en aquello que realmente es igual o no tiene mayor importancia! La razón de los hombres  que discuten acaloradamente la llevan subjetivamente todos, algunos o ninguno, pues solamente  Dios sabe quiénes llevan la razón.  Es mejor muchas veces dar la razón a quien no la tiene en cosas pequeñas, sin trascendencia, triviales  por amor a la paz familiar que defender las cosas  con guerra.

La Sagrada Familia es modelo de todas las virtudes que tenemos que imitar,  cada uno la que más necesite para vivir en paz con uno mismo, con los miembros de su propia familia y, sobre todo, con Dios que es quien juzga a todos en justicia y verdad.    

 

sábado, 26 de diciembre de 2020

Sagrada Familia. Ciclo B

 

Se podría concebir  que la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo en única divinidad, es la familia divina y eterna de la que proceden todas las cosas, y es la referencia de toda familia humana.   

 En el plano humano, la Sagrada Familia, San José, María Santísima y el Niño Jesús constituyen, en perfecta unión humana y divina,  el modelo ejemplar de toda familia natural o instituida.  Hagamos algunas reflexiones pastorales sobre la Familia.

 Dignidad y autoridad en la familia

 La autoridad en la  Sagrada Familia no era igual que en las demás familias humanas, en las que la autoridad la suele ostentar el padre o la madre o ambos de común acuerdo. El hijo no tiene más autoridad que la obediencia. En cambio, en la familia de Nazaret, la persona menos importante en dignidad era la autoridad máxima, al estilo judío. La Virgen María, persona más digna que San José por ser Inmaculada y Madre de Dios ejercía también la autoridad en mutuo consenso  con su esposo San José. El Niño Jesús Persona divina, no tenía más autoridad que la obediencia, como nos dice el Evangelio: “Jesús bajó con sus padres a Nazaret y siguió bajo su autoridad”. Y, sin embargo tenía más dignidad que San José y María, porque eran personas humanas. El Niño Jesús ayudaría a San José en las tareas del taller y del campo, y a María en las ocupaciones domésticas de la casa, no por obediencia sino por amor redentor.

 La autoridad es servicio de amor 

El amor es la autoridad  en la familia. Cuando dos se quieren mucho, el uno sirve al otro y le presta los servicios que necesita no por autoridad ni obligación, sino por amor, lo contrario es justicia, tiranía o egoísmo. Las tres personas de la Sagrada Familia estaban tan íntimamente unidas en el amor, que era el único móvil de toda acción familiar. San José amaba tanto a su esposa María que todo lo hacía por Ella no por  autoridad  sino por la ley jerárquica del amor; y dedicaba también todo su trabajo, fatigas y esfuerzos por su hijo, el Niño Jesús, por la ley del corazón. Y lo mismo María, como esposa y madre todo su pensar, querer y hacer era para su esposo San José a quien amaba humana y espiritualmente como a Ella misma con el amor de Dios; y amaba por encima de todo a su Hijo, Jesús, con corazón de madre de Dios.  ¡Qué misterio de amor! Dios creador de sus padres y, a la vez, sumo a ellos que eran hombres.

La Sagrada Familia modelo de toda familia humana

 La sagrada familia es modelo de toda familia  humana e instituida, porque en ella resplandecían el amor verdadero y  todas las virtudes necesarias para la convivencia familiar.

 En toda familia, fundamento de la Sociedad y de la Iglesia, tiene que existir la felicidad y  la paz humanamente posible: amor afectivo o efectivo en el trato humano de palabra, aunque sea de estilo bondadosamente político, comprensivo con la manera de ser de cada uno y respetuoso  con los ideales; y también comportamiento común de justicia y caridad, porque hoy en la familia hay miembros de distintas ideologías, culturales y religiosas y no religiosas. La convivencia en la familia en la que uno está obligado a vivir  es muy difícil. Para que haya paz en ella  es necesario soportar muchos sacrificios y renuncias por parte de todos los miembros.

 La familia cristiana tiene que tener por mira a la Sagrada Familia para imitar sus virtudes.  Es pensable que San José y María, como eran diferentes en el ser y en el obrar, algunas cosas de uno no les gustarían  al otro, cosa natural, como suele pasar en los esposos muy enamorados, incluso entre santos, porque las diferencias accidentales  del ser y obrar, aunque no gustan, se aceptan por el amor. Raramente hay una persona que guste totalmente a la persona amada, pues el amor por muy grande y perfecto que sea, conlleva sufrimientos de cosas o cosillas que no gustan de la persona amada, y la única solución es la comprensión mutua del amor sacrificado. 

 Los padres de Jesús cuando no entendían ciertos comportamientos misteriosos del Niño, los comprendían con amor, guardando todas las cosas en el corazón, sin comentarlos ni criticarlos, y ni siquiera pensarlos, aceptando por fe las decisiones de su Hijo que no les gustaban, porque eran hombres y sabían  que su Hijo era Dios. 

 Muchas veces en las familias, entre esposos que se quieren mucho, entre padres e hijos y hermanos, que se llevan bien, se rompe o se enfría el amor por tontadas  de soberbia, amor propio o cabezonería. ¡Qué cosa más humana y cristiana es dar la razón a quien no la tiene en aquello que realmente es igual o no tiene mayor importancia! La razón de los hombres  que discuten acaloradamente la llevan subjetivamente todos, algunos o ninguno, pues solamente  Dios sabe quiénes llevan la razón.  Es mejor muchas veces dar la razón a quien no la tiene en cosas pequeñas, sin trascendencia, triviales  por amor a la paz familiar que defender las cosas  con guerra.

 La Sagrada Familia es modelo de todas las virtudes que tenemos que imitar,  cada uno la que más necesite para vivir en paz con uno mismo, con los miembros de su propia familia y, sobre todo, con Dios que es quien juzga a todos en justicia y verdad.    

sábado, 28 de diciembre de 2019

Festividad de la Sagrada Familia. Ciclo A


La Sagrada Familia compuesta por la Virgen María, San José y el Niño Jesús, es la Trinidad de la Tierra. Llevó durante su tiempo histórico de treinta años una vida oculta, sencilla y ordinaria, sin grandes acontecimientos. María en su papel de Madre de Dios y de todos los hombres, Corredentora del género humano no hizo otra cosa siempre que hacer bien y con amor divino lo que tenía que hacer en una vida ordinaria; su castísimo esposo San José, que colaboró en la Redención, como esposo de la Virgen María y padre legal del Niño Jesús, con su oración y trabajo común de un simple obrero; y por fin Jesús, divino obrero, como Redentor principal redimió al mundo en tres etapas: vida oculta durante treinta años, casi toda su vida, dedicado a la oración, al trabajo común de la vida ordinaria en obediencia, dando a este género de vida categoría sobrenatural, corredentora.

El evangelio nos ha facilitado pocos datos para conocer la infancia de Jesús. Desde la vuelta de la Sagrada Familia de Egipto a Nazaret, solamente conocemos el episodio del Niño Jesús, perdido y hallado en el templo a los doce años. El resto de su vida hasta los treinta años hay que imaginarla, pensando en un niño, un joven y un adulto de categoría de superdotado, como si fuera un niño un joven y un adulto normal, sin parecer que era Dios. La vida pública de Jesús duró tres años, dedicado a la predicación del evangelio y realización de milagros para testimoniar su misión redentora en el mundo; y la tercera etapa fue de pasión, muerte y resurrección que duró tres días.

Pablo VI definió la vida de la Sagrada Familia en la siguiente frase proverbial que voy a reseñar: Nazaret es la escuela donde se comienza a entender la vida de Jesús: la escuela del Evangelio. Es una lección de silencio, de vida familiar, de trabajo”. (Pablo VI, 05-01-1964).

Entre los tres miembros de la Sagrada Familia existía una perfecta y santa armonía con pequeños sacrificios por la manera santa de ser de cada persona la convivencia y dificultades de la vida, que eran aceptados y comprendidos con el amor caritativo, que todo lo comprende y diviniza, y sabiendo que lo que ocurre es obra de Dios para bien de su gloria y de los hombres, dentro del misterio de la salvación.

De la vida de San José y de la de la Virgen María no se sabe nada históricamente. Es objeto de la piadosa imaginación para la oración personal y comunitaria, digna de ser imitada, sabiendo que su valor es infinito, santificador y redentor.