sábado, 15 de marzo de 2025
Segundo domingo de Cuaresma. Ciclo C
miércoles, 5 de marzo de 2025
Primer domingo de Cuaresma. Ciclo C
Conversión
Conversión
sacramental
Conversión
teológica
Conversión
misteriosa de infinita misericordia
Conversión
cósmica.
Conversión
Toda la vida
cristiana es una permanente y progresiva conversión evangélica en
diversas etapas y modalidades. Aunque todos los tiempos litúrgicos son en su
esencia de conversión, la Iglesia señala dos especiales: Adviento como
preparación para la Navidad y Cuaresma para la Resurrección.
La conversión
es el tema fundamental de toda la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo
Testamento. Consiste en corresponder a la vocación de santidad a la
que cada cristiano está llamado por el Espíritu Santo en el
bautismo. Se supone difícil porque se imagina que tiene que ser
excepcional, espectacular, como la de los santos de relumbrón, extraordinarios,
modelos admirables, pero no imitables en todos sus actos, sino solamente en sus
actitudes, porque la santidad es personal. Convertirse no es cambiar
la personalidad, la manera substantiva de ser, sino la manera
de proceder en el virtuoso obrar: en el cumplimiento de la voluntad de Dios, en
la lucha contra el pecado y en la moderación virtuosa del propio temperamento o
carácter. La conversión tiene que dar sus propios frutos de perfección, porque
el que no fructifica en buenas obras no se ha convertido, es un enfermo o
un pecador redomado.
Conversión
sacramental
La primera
conversión que se realiza en el hombre es en el bautismo, que
convierte al hombre, nacido en pecado, en hijo de Dios, heredero de
su reino y lo incorpora al Cuerpo místico de la Iglesia. El bautizado por el
agua y el Espíritu Santo queda regenerado en una nueva criatura con una
segunda naturaleza divina, participada de Dios. Mientras es bebé, sin
conciencia de sus actos, sigue siendo hijo de Dios, aunque no sepa esa sublime
y sobrenatural realidad de filiación divina hasta el uso de razón,
momento en que empieza la responsabilidad moral. Los bautizados que nunca
llegan a tener conciencia de sus actos, permanecen en ellos el estado de gracia
inalterable que recibieron en el bautismo hasta su muerte, y después van al
Cielo; y los que tienen cierta lucidez mental, esporádica, son juzgados
por Dios con singular misericordia.
En el
bautizado normal la gracia bautismal está sometida a un proceso de
conversión sacramental, pues en cada sacramento recibe su gracia específica,
según las disposiciones en que lo recibe, principalmente en la
Penitencia y en la Eucaristía.
El
sacramento de la Penitencia convierte al pecador que ha roto la amistad con
Dios por el pecado grave en amigo suyo; y en el que ha mantenido su amistad con
Él en íntima relación o con faltas o imperfecciones lo santifica.
El
sacramento de la Eucaristía cristifica al bautizado que lo recibe con fe y
buenas disposiciones, y no por rutina o costumbre, y lo alimenta con el
Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Conversión
teológica
La conversión
no es sólo el paso de la vida de infidelidad a la vida de fe, sino
también de la vida de pecado a la vida de gracia en progresivo crecimiento; y
también de la vida de gracia al culmen de la santidad en
distintas dimensiones.
Conversión
misteriosa de infinita misericordia
Es un hecho
evidente que en nuestras familias, amistades, compañeros de trabajo, vecinos,
conocidos, existen bautizados que no practican la fe católica
habitualmente, y solamente participan en actos religiosos de compromiso; y
también no bautizados de otras religiones o de ninguna, que muchos son honrados
y buenos, tanto o más que los cristianos. ¿Entonces, no se convierten?
La sabiduría
infinitamente misericordiosa de Dios tiene caminos inimaginables para que
el hombre bautizado o no bautizado se convierta, porque juzga la moralidad de
los actos del hombre con criterios de un Dios encarnado, que vivió,
padeció y murió en la cruz, derramando sangre divina para salvar a todos los
hombres. ¿Cómo? ¡Misterio! El juicio de Dios sobre el pecado no es
matemáticamente como enseña la Moral Católica, al pie de la letra, porque el
pecado no es un una simple trasgresión de la ley, sino una ofensa que el hombre
hace a Dios, misterio de maldad personal, como define el Concilio de Trento.
Muchos hombres cometen actos malos, según la estimación de la justicia humana y
cristiana, pero no todos son pecados, ofensas a Dios en su presencia divina,
porque existen muchas causas humanas que eximen de responsabilidad moral
católica, como por ejemplo: la ignorancia, la incapacidad humana de concebir
las cosas, y sobre todo la malicia del pecado, la pasión que perturba o anula
la responsabilidad, el desequilibrio orgánico, causas físicas, psicológicas,
psíquicas, educación y cultura. A medida que van pasando los años, cada vez
estoy más convencido de que la mayoría de los hombres se salvan por estas y
otras muchas razones, no conocidas. Es muy difícil que el hombre, en su ser
natural puro, cometa un acto humano, llamado pecado mortal, tan grave que en la
presencia de Dios merezca el infierno eterno, que existe. El pecador comete
el pecado, según su capacidad intelectual y formación de moral católica que
tiene, el sacerdote lo perdona en el Sacramento del Perdón,
y Dios lo juzga y condena en su auténtica
realidad.
Conversión
cósmica
Este mundo
en que vivimos no será convertido en un caos, ni aniquilado, sino
convertido en otra realidad diferente, infinitamente superior y mejor que la
actual en una conversión cósmica de unos cielos nuevos y una tierra
nueva de toda la creación glorificada en la que habrá paz
absoluta y completa, felicidad total de amor en la visión y gozo de Dios
eternamente
Miércoles de Ceniza. Ciclo C
Origen
Desde los primeros siglos del
cristianismo se observó en la Iglesia la práctica de la oración y penitencia en
todo tiempo, como una norma evangélica de vida cristiana. En el seno de las
primeras comunidades cristianas fue extendiéndose progresivamente el espíritu
cuaresmal de oración y penitencia, observándose prácticas que dictaban los
obispos para los fieles de sus diócesis. No se sabe cuándo ni cómo surgió la
Cuaresma propiamente dicha para todos los fieles de la Iglesia universal. Las
primeras alusiones directas aparecieron en Oriente, a principios del
siglo IV, y en Occidente a fines del mismo siglo, según los expertos
historiadores de la Liturgia. A lo largo de la Historia de la Iglesia se
fue configurando el año litúrgico, dando primordial importancia, como tiempos
fuertes de oración y penitencia, al Adviento, como preparación al nacimiento de
Jesús, y a la Cuaresma, como preparación intensiva para la Pascua de
Resurrección.
Desde hace siglos, la Iglesia ha
ido cambiando la celebración de la Cuaresma, quedando sustancialmente
estructurada desde hace tiempo como la de hoy con variantes accidentales,
adaptadas a los tiempos.
Estructura
La Cuaresma empieza el miércoles
de Ceniza y termina justo antes de la “Misa del Señor” en la tarde del
Jueves Santo.
La ceremonia del miércoles de
ceniza se celebra dentro de la celebración de la Eucaristía con la imposición
de ceniza, elaborada de la quema de los ramos del domingo de Ramos del año
anterior. Significa el origen del hombre y su fin: polvo, y la caducidad de su
vida. La impone el celebrante sobre la cabeza o frente de los fieles con
estas palabras: “Conviértete y cree en el Evangelio o Acuérdate que eres
polvo y al polvo volverás”.
El tiempo de Cuaresma es de
cuarenta días. Está figurada en varias referencias bíblicas: en los cuarenta
días que duró el diluvio, en los cuarenta años que duró la travesía del pueblo
de Dios desde Egipto a Palestina, la tierra prometida y, sobre todo, en
la cuarentena que Jesús pasó en el desierto en ayuno y penitencia
preparándose para la vida pública. Comprende seis domingos, contando el domingo
de Ramos.
Naturaleza
La Cuaresma ha tenido siempre en
la Iglesia un carácter especialmente bautismal de penitencia, porque es una
Comunidad bautismal-penitencial-eclesial. Los cristianos de los primeros siglos
se bautizaban en cuaresma, se acercaban al sacramento de la Penitencia, y los
grandes pecadores, apartados de la Iglesia por sus pecados graves, eran
reinsertados a ella por el sacramento del perdón, principalmente en la
Vigilia Pascual.
Temario: oración y penitencia
El tema central de la Cuaresma
es la conversión de todos los fieles: la de los
pecadores a la vida de gracia, la de los buenos a la vida de la santidad,
y la de los santos a una santidad en la mayor perfección posible, porque
todos los cristianos tenemos que convertirnos.
El Concilio Vaticano II ha
estructurado la Cuaresma como un tiempo especial de oración, de intensa
escucha de la Palabra de Dios y penitencia, con una orientación
pascual-bautismal (SC 109). Es el tiempo de una
experiencia oficial en el misterio pascual de Cristo: “Padecemos
juntamente con Él, para ser también juntamente glorificados” (Rm 8,17).
Podríamos decir que es para toda la Iglesia como unos ejercicios
espirituales intensivos de cuarenta días en los que los fieles imitan el
ejemplo de Cristo en toda su vida, principalmente en su pasión y muerte, para
celebrar la Pascua de Resurrección, con miras a nuestra resurrección al final
de los tiempos.
La cuarentena penitencial es un
tiempo especial para los ejercicios espirituales, las liturgias penitenciales,
las privaciones voluntarias (ayuno, limosna, comunicación cristiana de bienes,
obras caritativas y misioneras) (Cat 1438) y las
peregrinaciones, como signo de penitencia. Se recomiendan reuniones de oración,
celebraciones de la Eucaristía, del sacramento de la Confesión y celebraciones de
la Palabra, la práctica de la penitencia o mortificación con equilibrio y el
ejercicio voluntario del sacrificio en todas las ocasiones de la vida
ordinaria. Es decir, la cuaresma para un cristiano es un tiempo de gracia en el
que tiene que empeñarse en que toda su vida sea orante y operativa con especial
intensidad que en otros tiempos litúrgicos. Enunciamos las
penitencias que se deben observar siempre, pero especialmente en Cuaresma, por
mandato de la Iglesia.
Penitencias obligadas
La primera penitencia obligada
para todo cristiano es cumplir la ley penitencial que manda la Iglesia:
“En la Iglesia universal son días
y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de Cuaresma (c
1250).
Actualmente el ayuno y la
abstinencia se guardarán solamente el miércoles de Ceniza y el viernes Santo.
El ayuno obliga a todos los
cristianos mayores de edad (18 años) hasta que hayan cumplido cincuenta y
nueve (c 1252).
La ley de la abstinencia obliga a
los que han cumplido catorce años.
La abstinencia de carne se puede
cambiar en los demás viernes del año por un acto de piedad, de caridad o
limosna, pero no en los viernes de Cuaresma. La penitencia de abstención de
carne es principalmente la obediencia a la Iglesia, más que no comer
carne.
Además es muy buena, y en cierta
manera necesaria, la penitencia libre del sacrificio
voluntario de aprovechar todas las ocasiones imprevistas que se presenten,
incluso buscarlas, para ofrecer a Dios pequeñas penitencias, que valen mucho
para reparar los pecados propios y ajenos, santificarse y santificar a todos
los miembros de Cuerpo Místico de la Iglesia. Las penitencias importantes no se
deben usar sin el consejo del confesor, o como esté establecido en las reglas o
constituciones de un Instituto u obra aprobada por la Iglesia.
Principales penitencias
Voy a enumerar sin explicación alguna las principales
penitencias que causan paz, felicidad en la Tierra y garantizan el Cielo:
·
Recibir con frecuencia el sacramento de la
Penitencia
·
El cumplimiento del deber.
·
La aceptación total de sí mismo en la
carencia o limitación de las cualidades;
·
La humillación de los propios pecados que se
repiten.
·
La renuncia constante a la propia voluntad
caprichosa.
·
La guerra declarada al egoísmo.
·
El sacrificio costoso de la convivencia
familiar, laboral, social y amistosa.
·
La aceptación de todos los acontecimientos
que suceden y no se pueden remediar.
sábado, 1 de marzo de 2025
Octavo domingo. Tiempo ordinario. ciclo C
Para predicar la homilía en este domingo VIII del tiempo ordinario, ciclo C, voy a fijar mi atención en una frase del Evangelio de San Lucas, que es fundamento para la vida cristiana: ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo”.
El amor propio o egoísmo nos hace aminorar o
justificar nuestros defectos y pecados, aunque sean importantes y graves, y
agrandar y condenar los defectos de nuestros hermanos, aunque sean iguales que
los nuestros y aún más pequeños. Se parece nuestro comportamiento al de los
niños cuando riñen, que echan en cara a sus compañeros los mismos pecados que
ellos cometen, incluso calumniando a los inocentes. La malicia del corazón de
los hombres malos consiste en culpar a todos los hombres de los mismos males
que ellos cometen, según dice el refrán castellano: Se cree el ladrón que todos son de su condición.
La verdad de la moralidad de los hombres está
en la íntima esencia de su corazón. Lo que realmente somos, buenos o malos, es
una realidad exclusiva del misterioso conocimiento de Dios Padre, infinitamente
misericordioso.
Somos inconsecuentes e injustos con nuestros hermanos, a quienes juzgamos y condenamos sin suficientes elementos de juicio. Somos inconsecuentes e injustos con nuestros hermanos, a quienes juzgamos y condenamos sin suficientes elementos de juicio.
Es muy difícil saber dónde está la verdad humana, pues todo depende de muchos factores: de la capacidad intelectual del hombre, de la educación que se ha recibido en familia, en Sociedad y en la Iglesia, de la moral de costumbres buenas, de los signos de los tiempos
No llegamos a conocernos bien porque nos fiamos solamente de nuestro propio
criterio. No estamos de acuerdo con la opinión que los demás tienen de nosotros
mismos, y no hacemos caso a los que nos reprenden con cariño. Alguien dijo que
el que se hace maestro de sí mismo se
constituye en maestro de un tonto.
Nos ayuda mucho al propio conocimiento la
oración, examen de conciencia, lectura espiritual, confesión, director
espiritual.
Con el trato amistoso con Dios, mantenido en
humildad y obediencia, se llega uno a conocer poco a poco, aunque difícilmente
del todo. En reflexión sincera y humilde
de examen sobre la propia vida, sin apasionamiento, y admitiendo la posibilidad
de estar equivocados o ser algo, aunque no todo, de lo que se nos acusa,
podemos llegar a conocer nuestros fallos y a arrepentirnos de nuestros pecados. Con la ayuda de un buen libro de
espiritualidad, el consejo de personas santas, aunque sean seglares, y sobre
todo con la ayuda de sacerdotes virtuosos, confesor o directores espirituales,
podemos conseguir con la gracia de Dios el conocimiento propio y adecuado.
Solemos tener un defecto importante: obrar como a nosotros nos parece, diciendo que hemos consultado nuestras decisiones. Y, en realidad, muchas veces no hacemos otra cosa que hacer lo que queremos, respaldados falsamente en lo que decimos que se nos ha aconsejado, que es lo que nosotros hemos preparado con maniobra que se nos diga. Pongamos un ejemplo. Imaginemos que un profesor quiere hacer un viaje a un país lejano, que es muy costoso, y tiene que gastar mucho dinero. Y consulta a un sacerdote que quiere hacer un viaje para instruirse, culturizarse, con el fin de poder luego hacer bien a los alumnos. La verdad es que quiere viajar porque le gusta y disfruta viendo muchas cosas bonitas, que merece la pena. Pero para tranquilizar la conciencia de gastar demasiado dinero dice que quiere hacer un viaje cultural ¿Qué le va a decir el sacerdote? ¡Que haga ese viaje! Todo depende de cómo se haga la consulta.
El que es bueno todo lo echa a buena parte,
todo lo excusa, todo lo justifica, todo lo comprende, conforme nos enseña la
Palabra de Dios por medio de San Pablo: “La caridad todo lo excusa, todo lo cree,
todo lo espera, todo lo soporta” (1ª Co 13,7).
El amor verdadero, por ejemplo el de una
madre o el de un padre, busca siempre
motivos para justificar y perdonar al
hijo que se porta mal o ha cometido algún error, pecado o delito: “Él es bueno,
tienen la culpa de su mal los amigos, las desviadas costumbres de los tiempos,
la moda... Es bueno, pero le pilló en un mal momento de nervios y obró inconsecuentemente
de manera inculpable... Es bueno, pero
las circunstancias de las injusticias le obligaron a cometer ese acto o ese
pecado, justificable en cierto sentido.
El que es bueno, nos dice el Evangelio de
hoy, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien; y el que es malo, de
la maldad saca el mal; porque lo que rebosa del corazón, habla la boca.
El que tiene el corazón limpio, su mirada
será limpia y verá en el prójimo el reflejo de la bondad que hay en su corazón.
En cambio, el que es malo, la malicia de hay en su corazón y en sus obras la
aplica a los demás, por aquello de que “se cree el ladrón que todos son de su
condición”.
sábado, 22 de febrero de 2025
Séptimo domingo. Tiempo ordinario. Ciclo C
- Sentir instintivamente repulsión hacia él.
- Revolverse por dentro.
- Desearle algún correctivo temporal, que no sea un mal espiritual en sí mismo, con el fin de que valore el daño que ha hecho, se arrepienta, y deje de hacer más el mal socialmente.
- Exigir que se cumpla con él la justicia.
sábado, 15 de febrero de 2025
Sexto domingo. Tiempo ordinario. Ciclo C
"Si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido" 1Co 15,12
La creencia en la resurrección de los muertos forma parte integral de los
artículos de la fe, como afirmamos en el Credo de la iglesia Católica que
rezamos en la Santa Misa: “Espero la resurrección de los muertos y la vida del
mundo futuro”
Nadie que se considere católico de manera consecuente puede negar la verdad
revelada de que Cristo nos resucitará en el último día (Jn 6,39-40).
·
“Sutileza” o dote por el que el cuerpo glorioso “se sujetará completamente
al imperio del alma, y le servirá y estará pronto a su arbitrio.
·
“Agilidad” “en virtud de la cual el cuerpo se verá libre de la carga que
ahora le oprime; y tan fácilmente podrá moverse adonde quisiere el alma, que no
será posible hallarse nada más veloz que su movimiento”.
·
“Claridad” por la que brillarán como el sol los cuerpos de los santos. Será
un resplandor supranatural con más luminosidad que la más brillante de las
estrellas





