El Hijo Unigénito del Padre, Palabra de Dios para el hombre, le reveló
los misterios de la Santísima Trinidad, la naturaleza de la Redención y los
medios necesarios para conseguir la salvación eterna por medio de los
profetas y evangelistas. Todo su contenido se encuentra en la Revelación
oficial de la Sagrada Escritura y Tradición de la Iglesia. Dios revela
también a ciertos santos o a personas privadas algunos misterios o verdades,
pero no son revelación pública y oficial de la Iglesia, que terminó con la
muerte del apóstol San Juan, si no privada, no es fiable.
Los profesores de las Universidades, Seminarios, Institutos, y Colegios de la
Iglesia son intérpretes de la Revelación enseñada oficialmente por el
Magisterio con explicaciones, sugerencias, pensamientos propios o de otros
autores. Toda escritura, inspirada por Dios, es enseñanza de
la verdad sobrenatural que no conoce la sabiduría humana; reprensión de
los desórdenes morales; corrección de los pecados, vicios y
faltas; educación en el ejercicio de la virtud y
perfección evangélica en el camino de la santidad. El hombre equipado
perfectamente con estas virtudes puede realizar toda obra buena.
La lectura de la Palabra de Dios, aunque no se entienda, produce efectos
espirituales sorprendentes, porque tiene fuerza mística en sí misma. Santa
Teresa de Jesús se emocionaba algunas veces, cuando rezaba el breviario en
latín, que no entendía, como si el contacto con la letra inspirada tocara las
fibras del alma y le hiciera vibrar como las cuerdas de un violín, tocadas
magistralmente por un artista consumado.
Por la fuerza que tiene en sí misma la Palabra de Dios, San Pablo a su
discípulo Timoteo le mandaba: proclamar la Palabra de Dios, no
como la recitación de una poesía o una pieza magistral de oratoria, sino con la
fuerza espiritual que contiene en sí misma; insistir en la
predicación de la Palabra de Dios a tiempo o destiempo con cabeza y
prudencia; reprender caritativamente y buenos modales a los
que se apartan de la Verdad; reprochar con humildad y caridad
con la Palabra a los cristianos que se apartan de Dios por debilidad,
ingenuidad o confusión y son moralmente recuperables; y exhortar con
toda comprensión y pedagogía a los que pueden ser aconsejados en el
progreso de la perfección evangélica, y no lo hacen por desidia o falta de
esfuerzo.
La Sagrada Escritura es libro sagrado inspirado por Dios que juntamente con la
Tradición de la Iglesia contienen las verdades eternas que el hombre necesita
para ser feliz en la tierra con sacrificios y cruces y desembocan en el
Cielo donde todo es verdad, paz y alegría en el conocimiento pleno de
Dios y visión y gozo por los siglos que no tienen fin.

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