Todos conocemos muchos casos de cristianos
buenos y sacerdotes fervorosos, religiosos y religiosas edificantes, que vivieron
la fe a tope, como se dice ahora, y luego se debilitaron en la gracia, se
congraciaron con el pecado, se amundanaron, y ahora están a merced de la
misericordia de Dios con graves y serios peligros para su alma.
A medida que pasa el tiempo, hay mayor
progreso, la economía mundial crece y los hombres tenemos más recursos
materiales, la fe está en mayor peligro, porque el mundo atolondra la mente,
enerva las pasiones y la concupiscencia se pone en carne viva, porque el
ambiente se apodera del hombre y le hace vivir de espaldas a Dios y de cara
abierta a los halagos del mundo.
Cada día cuesta más ser fieles a la gracia,
defender la fe en privado o en público, conservarla en llama viva en medio de
los vendavales del mundo, que soplan por todas partes amenazando el apagón. En
todo momento, y, sobre todo, en el cine y en la televisión hay programas
provocativos que encenagan el pudor, invitan al desmadre de la inmoralidad,
enturbian las buenas costumbres y ridiculizan la fe de la Iglesia y profanan la
moral católica. Muchos cristianos, que quieren mantenerse en pie, encuentran
serias y graves dificultades en todos los ambientes, y son víctimas de esta
barbarie; otros se mantienen a trancas y barrancas, se levantan, y siguen
caminando manchándose los pies de barro; y no falta buena gente que cae por
debilidad y se recupera de sus heridas con esperanza.
Cualquiera que sea tu caso, que no lo sé,
pero me lo imagino, te animo al combate de la fe, a la pelea contra el pecado,
a la lucha contra el mundo. Pero si de verdad quieres, no quisieras o
desearías, tienes que poner los medios sobrenaturales que tienes a tu alcance:
1º Alimentar tu fe con la escucha atenta de la Palabra de Dios,
estudio de la doctrina de la Iglesia,
lectura espiritual, charlas y conferencias, teniendo por seguro no la
opinión de los teólogos de revistas y periódicos, sino la doctrina de la
Iglesia, contenida en el Catecismo del Papa Juan Pablo II. Muchos cristianos
debilitan o pierden su fe porque la alimentan con panfletos, lecturas religiosas,
no fiables, opiniones de teólogos, sacerdotes y catequistas que cuestionan la
fe de la Iglesia, y acaban por vivir la de la Iglesia popular, y no la fe
revelada por Jesucristo y enseñada siempre por el Magisterio auténtico de
Iglesia.
2º Huida de amistades que perjudiquen tu fe,
la pongan en tela de juicio, la discutan o contradigan sin respeto a tus
ideales religiosos, y blasonen de la inmoralidad en que viven, dejando
intranquila la paz de tu alma. Hay que ser amigos de todos, sean como sean,
piensen lo que piensen, vivan como vivan, siempre y cuando la amistad sea
humanamente buena, y de relación social respetuosa. No frecuentar ambientes mundanos, en el
sentido peyorativo de la palabra, que pongan en jaque mate tu fe y moral; y
abandonar lugares donde se respire un ambiente de malas costumbres.

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