- “No llores”
Y luego tocó el féretro. Y los camilleros se detuvieron. Y dijo:
- “Muchacho, levántate”
Este milagro nos enseña la
compasión que Jesús tiene con nuestras miserias, y el milagro que hizo sin que
nadie se lo pidiera. También a nosotros muchas veces nos concede gracias que no
pedimos. Y también la manera de consolar sencilla: No llores. A veces no
podemos hacer nada por los que amamos o sufren que decir: No llores, no te preocupes.
El segundo milagro fue la resurrección de la hija de Jairo (Mt 9,
28-19; Mc 5,21-24;Lc 8,40-42). Jairo, un personaje de una Sinagoga, fue en
busca de Jesús, se echó a sus pies y le adoró, y le rogó que fuera a su casa, y
pusiera sus manos sobre ella, porque su única hija, de doce años, se estaba
muriendo. Y cuando Jesús acompañado de sus discípulos iba a su casa, sucedió la
curación de la Hemorroísa. Antes de llegar a la casa de Jairo, un criado, se
acercó a él y le dijo:
“Tu hija ha fallecido. ¿A qué molestar ya al Maestro?
Jesús dijo a Jairo:
- No temas, ten fe, que tu hija se salvará.
Y entrando dentro de la alcoba,
tomó la mano de la niña y dijo:
- “Niña, levántate”.
Y la niña se levantó, quedando
sus padres atónitos y fuera de sí. Y mandó que le dieran de comer:
El tercer milagro fue la resurrección de Lázaro que tuvo
lugar casi al final del tercer año de la vida pública de Jesús. Es uno de los
más bellos del Evangelio y contiene las más sublimes enseñanzas humanas,
psicológicas, cristianas, espirituales y teológicas. Vamos a hacer un
comentario literal sobre el relato de la resurrección de Lázaro que nos
describe San Juan.
Jesús, como hombre, tenía relaciones sociales con todo el mundo, asistía a la sinagoga, a banquetes, a comidas de compromiso y amistad, hablaba con los niños, curaba a los enfermos, ayudaba a los pobres, perdonaba a los pecadores, y tenía trato político y diplomático con sus enemigos y poderes públicos. Pero por encima de todos los contactos humanos, tenía especiales confidencias con sus amigos íntimos, Lázaro, sus hermanas Marta y María, Simón el leproso, y sus discípulos, entre los que destacaban Pedro, Andrés, Santiago y Juan. Con ellos se comportaba de manera singular, confiando especiales secretos y gestos de amistad íntima.
Sucedió que Lázaro cayó
gravemente enfermo. Sus hermanas Marta y María enviaron a un criado de la casa
en busca de Jesús, para comunicarle la triste noticia de la grave enfermedad de
su hermano, su íntimo amigo. Estaban seguras de que tan pronto como Jesús supiera
la noticia, le faltaría tiempo para ir a curarle, como había hecho muchas veces
con otros enfermos, que eran extraños y no amigos. Tal era la gran confianza
que tenían en Él y el inmenso amor que le profesaban.
No sabemos dónde se encontraba
Jesús en aquel momento, pero probablemente no lejos de Jerusalén, y se puede
pensar que Marta y María tenían conocimiento del lugar donde estaba Jesús
predicando el Evangelio, pues como Jesús iba con frecuencia a Betania, no es
extraño que les comunicara sus proyectos y viajes apostólicos cercanos a
Betania, como suele suceder entre familiares y amigos. El caso es que el correo
encontró pronto a Jesús y le transmitió el mensaje de las hermanas:
-“Señor, tu amigo está enfermo”
Este mensaje me facilita la ocasión de hablar de la oración de exposición.
2 ORACIÓN DE EXPOSICIÓN
Las hermanas de Lázaro, Marta y
María, enviaron a un mensajero a buscar a Jesús para comunicarle la triste
noticia de la grave enfermedad de su hermano:
- “Señor, tu amigo está enfermo”; y no para pedir que fuera cuanto
antes a Betania para curar a su hermano, pues el amor y la confianza entre
familiares y amigos no necesitan argumentación para suplicar la presencia en
casos extremos. Estaban seguras de que Jesús iría a Betania a curar a su hermano,
como sucede normalmente en estos casos. Cuando nos enteramos de que un amigo o
un familiar están graves, nos falta tiempo para echar a correr para prestar
nuestra ayuda posible o, como mínimo, el consuelo de nuestra presencia. Pero en
este caso, misteriosamente, pero con providencia divina, Jesús humanamente tuvo
un comportamiento extraño.
Este estilo de petición me
sugiere la idea de la oración de
exposición, que significa gran confianza en Dios Padre. El que expone a
Dios su necesidad, no necesita razonamientos para convencer a Dios que le
atienda, pues sabe que es Padre y le concederá, aún sin pedirlo, lo que
necesita. Cuando un hijo dice a su madre: tengo hambre, está pidiendo
implícitamente la comida. No hace falta que el hijo le exponga las razones por
las que tiene que darle la merienda: porque es su madre y él es su hijo, porque
es una obligación humana y cristiana, porque tiene hambre, porque sufre si no
come…
Este tipo de oración utilizó
María en las bodas de Caná de Galilea: María,
ante la exposición de una necesidad material de falta de vino en una boda, cosa
que a Ella no le incumbía, expuso a su Hijo la necesidad y no pidió un milagro:
“No tienen vino”. Y su Hijo le
contestó con evasivas, como desentendiéndose del tema: “Mujer, ¿qué tenemos que
ver tú y yo en este asunto? Y con la
confianza que tenía en el poder de su Hijo, adelantó la hora, y se hizo el
primer milagro de la conversión del agua en vino.
La oración es trato con Dios de todas las maneras como el hombre puede comunicarse con otro: con la palabra, por escrito, mímica, expresiones artísticas, posturas, gestos; y además como nadie puede comunicarse con otro: con el pensamiento, sentimiento, remordimiento, pena, alegría, con el lenguaje del corazón que no tiene expresión externa. La oración de exposición es más perfecta que la de pedir, pues con la petición manifestamos a Dios nuestra voluntad, nuestro deseo, mientras que con la exposición de nuestra necesidad, dejamos en manos de Dios que haga su voluntad y no la nuestra.
3 EXTRAÑO COMPORTAMIENTO DE JESÚS
Cuando Jesús supo la noticia de
la gravedad de su amigo Lázaro, anunció implícitamente que iba a hacer el
milagro de su resurrección, para la gloria de Dios, con el fin de que fuera
glorificado el Hijo de Dios: “Esta enfermedad
no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, a fin de que
el Hijo de Dios sea glorificado por ella”.
Seguramente que el mensajero no
entendió estas palabras, y sus discípulos quedaron extrañados de su
comportamiento, pues sabiendo la gravedad de su amigo, se quedó todavía dos días más en el lugar donde estaba. Por tanto,
cuando el mensajero llegara con la respuesta a Betania, Marta y María
seguramente quedarían extrañadas y desconcertadas.
Estudiado el comportamiento humano de Jesús en muchas escenas del Evangelio resulta extraño, misterioso, desconcertante. Recordemos dos ejemplos muy conocidos:
1 En el templo
José y María, los padres de
Jesús, iban cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua. Y cuando Jesús
cumplió doce años, subió con sus padres a Jerusalén, según la costumbre de la
Fiesta; y acabados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo
advirtiesen sus padres. Y después de
tres días de angustiosa búsqueda, lo encontraron en el templo, sentado en medio
de los doctores, escuchándolos y haciéndole preguntas; y se pasmaban todos los
que le oían de su inteligencia y de sus respuestas. Y sus padres al verlo,
quedaron sorprendidos. Y le dijo su madre:
- Hijo, ¿Por qué te has portado así con nosotros? Mira que tu padre y
yo, llenos de aflicción, te andábamos buscando.
Jesús respondió:
¿Por qué me buscabais? ¿No sabías que yo tengo que estar en la casa de
mi Padre?
Pero ellos no comprendieron lo que les dijo.
También Jesús en el obrar con
nosotros nos sorprende con su silencio y con lo que nos concede, que no
queremos y ni es lo que le hemos pedido.
Tenemos que estar seguros de que Dios nos da lo que más necesitamos y no sabemos pedir.
2 En la vida pública
Predicaba Jesús el Evangelio en
Cafarnaún, probablemente en la casa de Pedro, cuando la madre de Jesús se
presentó con sus parientes, con ánimo de escuchar la palabra de Dios, de labios
de su Hijo. La casa estaba abarrotada de gente hasta el punto de que no había
posibilidad de entrar por la puerta dentro de la casa. Alguien reconoció la
presencia de la madre de Jesús, y se fue corriendo la noticia de boca en boca
hasta que llegó a oídos de uno de los oyentes, que estaba cerca de Jesús, y con
soltura y por deferencia le dijo en voz alta:
- Tu madre y tus hermanos están afuera y quieren hablar contigo. Entonces
Él respondió:
- ¿Quién es mi madre y quienes son mis hermanos? El que hace la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.
Las cosas que pasan tienen siempre una providencia divina que no entendemos los hombres, que razonamos con argumentos y silogismos humanos nuestras necesidades. Todo ocurre, nos dice San Pablo, para el bien de los hombres, a quienes Dios ama. Aunque nos parezcan males los acontecimientos que nos suceden, hay que creer por fe que todo tiene su razón última de bien. Los extraños comportamientos de Jesús en el Evangelio, como en otros hechos humanos, que no entendemos, tienen su razón divina que no tienen comprensión humana. Es necesario para vivir la fe consecuentemente aceptar las circunstancias de la vida, como realidades divinas que tienen un fin eterno, la vida y el gozo de Dios en el Cielo.
Como las noticias corren a la
velocidad del relámpago, sobre todo en pueblos y aldeas, Marta y María supieron
pronto que Jesús estaba entrando en Betania, cuando Lázaro llevaba ya cuatro
días enterrado. Enseguida Marta se puso en camino y salió al encuentro e Jesús,
mientas María se quedó en casa atendiendo a los muchos amigos que habían venido
a darle el pésame, incluso desde Jerusalén. Y cuando estuvo en su presencia le
dijo:
“Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”.
4 FE DE MARTA Y MARÍA
Probablemente Marta y María
echaron de menos la ausencia de Jesús a la hora de la muerte y del entierro de
su hermano Lázaro, pues son los momentos más críticos en que se requiere la
presencia de los familiares y amigos. Y seguramente que las dos hermanas
hablaron del tema, a todas horas, doloridas por el extraño comportamiento de
Jesús, acordando lo que le iban a decir cuando volviera a casa, pues las dos le
dijeron al pie de la letra la misma frase: “Si
hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”.
¿Qué significa esta frase?
El sentido literal hace pensar
que esta frase está dicha con tono de sentimiento o resentimiento, con pena,
con dolor, como echando la culpa de la muerte de su hermano a Jesús, por no
haber venido a curar a su hermano, cuando estaba gravemente enfermo. Como
queriendo decir: “Mi hermano ha muerto porque tú no estabas aquí. Por supuesto
indica fe en el poder de Jesús, puesto que sabía que Él podía haberle curado,
como había hecho con otros enfermos no tan amigos, pero Marta creía que
necesitaba la presencia física en Betania.
Era una fe imperfecta, menor que la del Centurión que dijo a Jesús que
no era necesario que fuera a su casa para curar a su siervo, ni tocarlo, pues bastaba
decir una sola palabra, a distancia, para curar a su siervo. Jesús quedó
admirado con esta palabra, y vuelto a la gente dijo en alta voz: En verdad os digo que ni siquiera en Israel
he encontrado tanta fe”.
Marta, después de desahogarse con
Jesús con esa frase tan significativa, manifestó la fe en el poder de Jesús que
podía conseguir del Padre cualquier cosa que le pidiera: “Aún ahora sé que todo
lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá”. ¿Pediría Marta a Jesús la
resurrección de su hermano? Me parece
que no, pues cuando Jesús iba a resucitar a Lázaro dijo:
- “Señor, si ya huele, pues hace cuatro días que fue enterrado mi
hermano”. Con esta frase estaba indicando la fe que tenía en Jesús para
conseguir lo que quisiera delante del Padre. Algo así como dijera: Sé que
puedes conseguir lo que quieres delante del Padre, pero a nosotras no nos has
hecho caso. Has consentido dejar pasar el tiempo y venir cuando ya no hace
falta. Jesús dijo a Marta:
- Tu hermano resucitará.
Marta le respondió:
- Sé que resucitará en la resurrección del último día.
¿Sabía Marta que Jesús había
resucitado a la hija de Jairo y al hijo de la viuda de Naín? Probablemente no,
puesto que estos hechos sucedieron en el segundo año de la vida pública de
Jesús, y entonces tal vez ni siquiera tenía amistad con los hermanos de
Betania.
Entonces Jesús le dijo:
-“Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?
5“YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA: EL QUE CREE EN MÍ, AUNQUE HAYA MUERTO, VIVIRÁ; Y EL QUE ESTÁ VIVO Y CREE EN MÍ, NO MORIRÁ PARA SIEMPRE. ¿CREES ESTO?
Jesús, por ser Dios, es todo. Se
definió a sí mismo con muchas frases evangélicas, que explican su naturaleza,
su personalidad, su misión, como por ejemplo: Yo soy el Camino, la Verdad, la
Vida, la Vid, la Resurrección. ,
Vamos a hacer un comentario
espiritual a la frase que dijo Jesús a Marta:
Yo soy la resurrección y la vida
Cristo es la resurrección en un
sentido físico y espiritual. En un sentido físico la resurrección de los
muertos, que tendrá lugar al final de los tiempos, cuando todas las cosas de
este mundo terminen y empiecen los nuevos Cielos y la Nueva Tierra. La fe nos
dice que todos los hombres resucitaremos, en cuerpo y alma gloriosos, para la vida eterna en el Cielo, los que hayan
cumplido la ley de amor y mueran en estado de gracia; o para la vida eterna del infierno, en cuerpo
y alma, para quienes rechazaron libremente la gracia de Dios. Por consiguiente,
debemos vivir, siempre preparados, para la resurrección, tratando de vivir en
gracia la fe de la Iglesia, porque Cristo es para todos lo hombres la resurrección y la vida.
En sentido espiritual, Cristo es
la resurrección para quienes hayan
muerto por el pecado grave y resuciten a la vida de la gracia en el sacramento de la Confesión o de maneras
misteriosas de la acción omnipotente de la gracia. En sentido católico con un
acto de contrición. Y en sentido de divina misericordia por muchas gracias que
no conoce la teología católica, principalmente por la buena fe en la que se ha
educado y vivido, y en última instancia en la recta conciencia del bien obrar.
Por tanto, con razón dice Jesús “el que
cree en mí, aunque haya muerto, vivirá”.
En cambio, para quienes están vivos por la gracia y creen en Jesucristo, vivirán para siempre o conseguirán la vida eterna.
Cuando Marta oyó estas palabras,
se perfeccionó en la fe y creyó que Jesús era el Mesías, pero no creía que iba
a resucitar a su hermano, como se demuestra en las palabras que dijo a Jesús,
cuando mandó levantar la losa.
- Sí, Señor: “yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que
tenía que venir al mundo”.
Y dicho esto, fue a llamar a su
hermana, diciéndole en voz baja:
- El Maestro está ahí, y te llama.
Entonces echó a correr y fue a
buscar a Jesús al mismo sitio donde antes le había encontrado su hermana Marta. Los muchos judíos amigos que había en
casa para darle el pésame por la muerte de su hermano, la siguieron pensando
que iba al sepulcro a llorar allí.
Cuando María se encontró en la
presencia de Jesús, a impulsos de su temperamento, se echó a sus pies y repitió
al pie de la letra la misma frase que antes le había dicho su hermana Marta a
Jesús:
- “Si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”.
Jesús viendo llorar a María y a
los judíos que la acompañaban, sollozó y se echó a llorar, hasta el punto de
que los judíos comentaban: ¡Cómo lo
quería!
Fueron todos al sepulcro donde
Lázaro estaba enterrado, mandó quitar la losa, con la intervención de Marta de
que era inútil porque el cadáver olía mal, porque llevaba enterrado cuatro
días, y la reprensión de Jesús:
¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios? Entonces fue cuando creyó firmemente que era Dios.
6 ¿CÓMO ANDA TU VIDA DE FE?
La fe no es teórica, creencia
religiosa que no compromete, como quien cree en la ciencia, pero no se vive. No
se puede recitar el credo en la santa misa y no rezarlo. El que reza el credo,
lo vive. La fe no es una creencia de artículos, definidos por la Iglesia, sino
una vivencia de un compromiso bautismal. La mayor fe es vivir en la gracia,
para morir en gracia, que es la seguridad de la vida eterna. Muchos católicos
dicen que tienen fe, la saben, pero no la viven. Más bien, se puede decir que
tienen creencias, pero no fe.

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