Nos encontramos en la Semana Santa por excelencia, que, como todos sabemos, es la semana en la que se celebra el gran misterio pascual: los misterios profundos de la muerte y resurrección del Señor. Y dentro de esta Semana Santa hay unos días especiales conocidos con el nombre de Triduo Sacro, que son: Jueves Santo, Viernes Santo y Sábado Santo.
En la Liturgia del Jueves Santo, celebramos tres acontecimientos en una
misma fiesta: la institución de la Eucaristía, la institución del sacerdocio y
el día del amor fraterno. En este día los españoles y todos los cristianos del
mundo adoramos a Jesucristo presente en la Eucaristía, expuesto en monumentos
tradicionales.
Hoy celebramos y recordamos aquel acontecimiento del primer Jueves Santo histórico de la Iglesia, la última cena en la que Jesucristo, rodeado de sus apóstoles, después de pronunciar el discurso de despedida que nos refiere san Juan en el capítulo 17, tomó un trozo de pan de los que había sobre la mesa y pronunció estas palabras: Tomad y comed, porque esto es mi Cuerpo; y a continuación tomó una copa de vino y dijo: Tomad y bebed; esta es la Sangre que será derramada para la salvación de todos los hombres. Y con esto el pan y el vino se convirtieron en el Cuerpo y en la Sangre de Jesucristo. Y, después, instituyó el Sacerdocio: Haced esto en memoria mía.
Tenemos que redoblar, cómo no, nuestro entusiasmo y nuestra fe en Jesucristo presente en la Eucaristía y asistir al sacrificio de la Santa Misa.
Podemos decir con santo orgullo que en nuestra Parroquia se celebran muchas misas, signo de fe de los feligreses, y se profesa especial devoción a Jesús Sacramentado, pues todos los días del año se hace la exposición del Santísimo.
Hermanos, este amor a la Eucaristía, que se ha demostrado y se está
demostrando cada vez más en nuestra Parroquia, nos debe llevar al amor de los
hermanos.
Por consiguiente, estas tres celebraciones del Jueves Santo, tienen una conexión: la Eucaristía, el sacerdocio y el amor a los hermanos.
El amor que Cristo nos ha derramado en la institución de la Eucaristía debe ser expresado en el amor a los hermanos, porque si se diera el caso, Dios no lo quiera, que alguien dice que ama profundamente a Jesucristo en la Eucaristía, pero no demuestra ese amor a los hermanos, ese amor está falsificado, no es un amor cristiano.
El amor a la Eucaristía y el amor a los hermanos son dos amores que no se pueden separar, forman una realidad trascendente: porque amo a Cristo, que nos demostró ese amor padeciendo y muriendo en la cruz, y quedándose entre nosotros en la Eucaristía, amo al hermano, porque amor con amor se paga. Pero al hermano, debidamente jerarquizado, más próximo. No seamos nosotros apóstoles de los extraños y paganos para los de la propia familia. Si en alguien tenemos que volcar el amor a la Eucaristía, es en el prójimo, el más próximo, en la familia.
Digamos unas palabras sobre el sacramento del sacerdocio.
El sacerdote es un ministro de Cristo; un hombre, ciertamente, como dicen los que no tienen fe y decimos también los que la tenemos, pero un hombre con poderes divinos. Los sacerdotes somos hombres más o menos perfectos, como los demás, pero ministros de Cristo a través de los cuales se realiza la acción salvadora del mundo.
Vamos a pedirle al Señor en este triduo que celebramos al Cristo de la Providencia que nos dé un gran amor al sacerdocio; pedirle también que los Seminarios de España y especialmente de nuestra Diócesis estén poblados de seminaristas, que sean mañana fervorosos sacerdotes, hombres de Dios, intercesores nuestros en la presencia del Padre, hombres de fe profunda, de virtud ejemplar, de ciencia de la sabiduría del Espíritu Santo, para que siempre en esta Parroquia haya culto, que es en definitiva la mejor de las acciones apostólicas que se pueden celebrar.
La esencia del apostolado consiste en celebrar la Santa Misa, no por rutina, gusto o costumbre, sino consecuentemente, como proyección de vida interior que santifica y como expresión de acción caritativa que se demuestra. Os digo en nombre de la Iglesia, y lo dice el Concilio Vaticano II, y también el Derecho Canónico, que la principal obra apostólica que puede realizarse entre los fieles es la celebración de la Eucaristía.
Nos sentimos contentos y satisfechos, porque aquí vivimos siempre un Jueves
Santo perpetuo, porque demostramos nuestra devoción al Santísimo diariamente,
demostramos nuestro amor eucarístico en la acción caritativa que realiza
nuestra Parroquia, que es mucha e importante, y amamos a los sacerdotes, como
hombres de Dios que nos alimentan con la Palabra y la Eucaristía y nos guían
por el camino con la Verdad hasta la Vida eterna.
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