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sábado, 10 de enero de 2026

Bautismo del Señor. Ciclo A

 


El bautismo que hemos recibido por la gracia de Dios no es una costumbre española: soy cristiano porque soy español; ni un requisito esencial para pertenecer a una simple institución religiosa a la que uno se incorpora por especial vocación para cumplir unos determinados estatutos, con el fin de buscar la perfección, como por ejemplo al Opus o a los neocatecumenales; ni tampoco es una Cofradía o Hermandad en la que uno se inscribe para fomentar el culto a Dios, venerar a un santo y realizar obras santas; ni mucho menos es una acción sagrada instituida por la Iglesia para ciertos fines apostólicos o religiosos.

El bautismo es un sacramento instituido por Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, un acontecimiento misterioso, divino, una generación sobrenatural por la que por el agua y el Espíritu Santo el hombre, nacido de Adán por el pecado original, recibe la gracia, la misma vida sobrenatural de Dios participada. Es el nacimiento a la vida de Dios, el cual por el baño del agua en la palabra de vida (Ef 5,26), hace a los hombres partícipes de la naturaleza divina (Pedr 1,4) e hijos de Dios (Rm,8,15;Gál 4,5).

El cristiano nace dos veces: por generación natural de sus padres por  la que es engendrado hombre; y por generación sobrenatural de la gracia en el bautismo por la que es engendrado hijo de Dios. Y tiene, por consecuencia, dos naturalezas: una humana, engendrada de la carne, y otra divina, engendrada por el Espíritu Santo.

El bautismo es un sacramento de fe, puerta de la vida y del reino, institución de Jesucristo, y no invención de una Papa de la Historia, un acuerdo de un Concilio especial, ni un consenso de teólogos.

El bautismo produce los siguientes efectos principales:

- borra el pecado original y todo pecado personal, si se recibe en estado adulto. El hombre que es bautizado, por muchos y graves pecados que haya cometido, recibe el perdón de todos sus pecados, sin necesidad de confesarse

- infunde la gracia, las virtudes y dones del Espíritu Santo en potencia, es decir la capacidad sobrenatural de hacerse virtuoso, de la misma manera que el hombre en su nacimiento recibe las potencias naturales para ejercitar con la práctica de ellas virtudes naturales. Podemos distinguir en el hombre a grandes rasgos dos tipos principales de potencias naturales: espirituales del entendimiento y de la voluntad y corporales de los miembros, órganos y sentidos.

Con diversos actos repetidos muchas veces, el hombre puede llegar a la virtud o perfección de esas virtudes. Pongamos algunos ejemplos: el hombre recibe en su nacimiento el entendimiento para que con su esfuerzo y ejercicio consiga la ciencia o sabiduría, la voluntad para que ejercitando actos de amor, el hombre se santifique.

- hace al hombre hijo de Dios y heredero de su gloria, de manera que con la ayuda de Dios y el esfuerzo de las buenas obras recibe la herencia eterna del Cielo, Dios mismo y poseído eternamente.

- incorpora al bautizado a la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo a la que todos los hombres pertenecen de diversa manera, principalmente por el sacramento de la misericordia infinita de Dios, que hace llegar su gracia de manera que ni siquiera el hombre puede soñar.

- realiza una conversión total de la persona, de manera que todo su ser queda convertido en santo, en cuanto al cuerpo, templo vivo del Espíritu Santo, y en cuanto al alma, en sagrario vivo de la Santísima Trinidad. El hombre sigue siendo hombre, pero hijo de Dios con una dignidad suprema que supera a todas las dignidades de la Tierra. El hombre es más por la dignidad de cristiano que por la dignidad de sacerdote, obispo o Papa;

- proporciona la capacidad de recibir los otros siete sacramentos porque es el fundamento sacramental del cristiano. Aunque en la realidad de la Iglesia Dios hace maravillas que no conocemos, de hecho, por la vía normal las gracias nos vienen por los sacramentos con los que nos alimentamos para la vida eterna.

- y es una participación en el misterio pascual, pues el bautismo conmemora y actualiza el misterio pascual, haciendo pasar a los hombres de la muerte del pecado a la vida de la gracia.           

El bautismo es un compromiso cristiano que obliga a seguir la fe de la Iglesia, es decir a cumplir los mandamientos y vivir la gracia de Dios consecuentemente en medio del mundo, siendo testigos de Cristo muerto y resucitado. Es, en definitiva, el gozo de ser cristiano que compromete a la alegría de ser hijo de Dios con la esperanza de vivir en el Cielo eternamente resucitado, en compañía de todos los santos y ángeles, en unión con Cristo resucitado y glorioso.     

sábado, 11 de enero de 2025

Bautismo del Señor. Ciclo C

 


Bautismo de Jesús

 Cuando Jesús terminó la primera etapa redentora  de su vida oculta, se despidió de su Madre y se dirigió al Jordán para ser bautizado por Juan con el fin de continuar y completar la Redención.

La palabra bautismo, de origen griego, en sentido  religioso  significa acción de lavado o purificación. No era un acto religioso exclusivamente judío, pues en los pueblos paganos de la antigüedad se celebraba, de diversas maneras, en muchas religiones politeístas. Los egipcios se bautizaban en las aguas del río Nilo, los babilonios en las del Eúfrates y los indios en las del Ganges. En algunos lugares el bautismo consistía en sacrificar víctimas humanas, ofrecidas a los dioses. Cuenta Papini en su vida de Jesús  que en Curio de Chipre, en Terracina, Marsella, en tiempos históricos indefinidos se arrojaba todos los años un hombre al mar, para que mediante el sacrificio expiatorio de su bautismo de agua el pueblo quedara purificado de sus pecados.

Bautismo en el Antiguo Testamento

El bautismo judío en el Antiguo Testamento consistía en un rito de ablución corporal, símbolo de limpieza interior o purificación de impurezas legales. Los judíos lo recibían después de escuchar la Palabra de Dios, y con el bautismo se comprometían a cumplir la Ley y se incorporaban al pueblo de Israel. Los bautizados que sentían una vocación especial para dedicarse al apostolado profético cursaban estudios bíblicos.

Bautismo de Jesús

El bautismo que Jesús  recibió fue un hecho real de visión sobrenatural, y no una alegoría contada poéticamente por autores de los primeros siglos del cristianismo con cierto simbolismo místico, como dicen algunos intérpretes  racionalistas.

Los evangelistas sinópticos solamente narran el bautismo de Jesús en el río Jordán con dos particularidades especiales: el rechazo de Juan para bautizar a Jesús y la revelación oficial del misterio de la Santísima Trinidad. 

No se sabe dónde sucedió este gran acontecimiento. Una antiquísima tradición que data del año 333 señala el lugar a unos doce kilómetros de Beisán, cerca de la desembocadura del Jordán en el Mar Muerto, junto al convento griego de San Juan Bautista.

Según se deduce del Evangelio de San Lucas (Lc 3,21), Jesús fue bautizado en una celebración comunitaria. Pudo suceder como yo imagino:

Los judíos que se iban a bautizar se situaban en fila india esperando su turno. El bautismo se solía administrar  por inmersión en el agua o por el baño de la cabeza y gran parte del cuerpo hasta la cintura. En una de las celebraciones comunitarias Jesús, de figura esbelta y elegante, que destacaba sobre los demás judíos devotos, se colocó en fila con porte exterior de profundo recogimiento, esperando su turno. Vestía  una túnica blanca de lino, que llegaba hasta los pies, sujeta a la cintura con un cíngulo. Tenía los pies desnudos, calzados con unas sandalias de tirillas de cuero atadas con hebillas. Un manto, de color granate, cubría desde sus hombros todo el cuerpo por la espalda, y se prolongaba hasta los talones de manera que los extremos caían por ambos lados con  picos desiguales. Cuando a Jesús le tocó su vez, se despojó de las vestiduras necesarias para recibir el bautismo simple, no por inmersión. Cuando Juan iba a bautizarlo clavó la mirada en sus ojos y sintió la corazonada de encontrarse en la presencia del Mesías. Entonces se resistió a bautizar a Jesús y le dijo: “¿Tú acudes a mí? Si soy yo quien necesito que tú me bautices”. Jesús le contestó: “Déjalo ya, que así es como nos toca a nosotros cumplir todo lo que Dios quiera” (Mt 3,14-15)Entonces Juan obediente a Jesús lo bautizó. En el momento en que el agua regaba la cabeza y parte de su cuerpo, el cielo se  rompió en dos mitades, como si fuera el telón de un escenario que se abre, y un rayo de luz celeste, muy potente, enfocó toda la Persona  de Jesús, quedando la Naturaleza en penumbra; y del espacio luminoso descendió una blanca paloma en ágil y rápido vuelo que se posó por encima de la cabeza de Jesús, sin tocarla, quedando en posición estática. Se hizo un impresionante y majestuoso silencio, y en medio de un ambiente sobrecogedor se dejó oír una voz sonora que decía: “Tú eres mi Hijo, a quien yo quiero, mi predilecto” (Mc 1,11), haciendo eco al chocar contra las montañas,

Todos los que estaban presentes en el río clavaron sus ojos en la Persona  de Jesús, y lo vieron rodeado en un círculo luminoso, como si desde el espacio un foco lo iluminara. Y todos quedaron ofuscados por la visión y con el corazón reventando de un gozo interior indescriptible.

La interpretación común de los Santos Padres y la Tradición entienden que en esta escena se reveló el misterio de la Santísima Trinidad, no conocido en el Antiguo Testamento. La primera Persona del Padre estaba simbolizada en la voz que hablaba; la segunda, la del Hijo, Jesús que se estaba bautizando; y la tercera, el Espíritu Santo en la paloma misteriosa de naturaleza desconocida de belleza sin igual. 

La Iglesia resume perfectamente el significado del bautismo de Jesús con estas palabras: “El bautismo de Jesús es, por su parte, la aceptación y la inauguración de su misión de Siervo doliente... y es anticipo del bautismo de su muerte sangrienta” (Cat 536).

¿Por qué fue bautizado Jesús?

No se puede admitir católicamente la teoría de los ebionitas y adopcionistas del siglo II que afirmaban que “Jesús fue un pecador, como cualquier hombre, que se purificó y “divinizó” al ser adoptado por Dios en el bautismo.  También es rechazable la opinión de aquellos herejes que ven en el bautismo de Jesús solamente un signo de conversión de pecador. Estas suposiciones son contrarias a la fe católica, pues Jesús, como Dios no pecó ni puede pecar.

La doctrina común de la Iglesia  es que el bautismo de Jesús fue un rito ejemplar de perfección, necesario a los ojos de los judíos para poder ejercer el oficio de profeta en Israel;  un símbolo del bautismo de sangre que Él iba a recibir con su muerte en la cruz; un signo del bautismo sacramental que Jesús instituiría en su momento; y el acto misterioso de comunicar al agua la virtualidad de servir de instrumento para borrar el pecado de origen y personal del hombre.  Así lo expresa la Iglesia Católica en el prefacio de la liturgia del martirio de San Juan Bautista: “Él bautizó en el Jordán al Autor del bautismo, y el agua viva tiene, desde entonces, poder de salvación para los hombres.

Bautismo, sacramento instituido por Jesucristo

El bautismo instituido por Jesucristo no es: una costumbre religiosa, familiar, local o social; un requisito esencial para poder pertenecer a la Iglesia; ni mucho menos una acción sagrada instituida por la Iglesia para poder ejercer en ella ciertos actos religiosos o  apostólicos.

Es un sacramento instituido por Jesucristo: una generación sobrenatural por la que el hombre, nacido de Adán con el pecado original, recibe la misma vida sobrenatural de Dios por el baño del agua y de la palabra de vida (Ef 5,26);  una participación de la naturaleza divina (1P 1,4) por la que el hombre se hace verdaderamente hijo de Dios (Rm, 8,15; Ga 4,5). El cristiano nace dos veces: a la vida natural por la generación de sus padres por la que es engendrado hombre; y a la vida sobrenatural por la gracia del bautismo por el que es engendrado hijo de Dios. El bautizado tiene, por consecuencia, dos naturalezas: una humana, engendrada de la carne, y otra divina, engendrada del Espíritu Santo por el agua y la palabra.  

sábado, 6 de enero de 2024

Bautismo del Señor. Ciclo B



El bautismo que hemos recibido por la gracia de Dios no es una costumbre española: soy cristiano porque soy español; ni un requisito esencial para pertenecer a una simple institución religiosa a la que uno se incorpora por especial vocación para cumplir unos determinados estatutos, con el fin de buscar la perfección, como por ejemplo al Opus o a los neocatecumenales; ni tampoco es una Cofradía o Hermandad en la que uno se inscribe para fomentar el culto a Dios, venerar a un santo y realizar obras santas; ni mucho menos es una acción sagrada instituida por la Iglesia para ciertos fines apostólicos o religiosos.

El bautismo es un sacramento instituido por Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, un acontecimiento misterioso, divino, una generación sobrenatural por la que por el agua y el Espíritu Santo el hombre, nacido de Adán por el pecado original, recibe la gracia, la misma vida sobrenatural de Dios participada. Es el nacimiento a la vida de Dios, el cual por el baño del agua en la palabra de vida (Ef 5,26), hace a los hombres partícipes de la naturaleza divina (Pedr 1,4) e hijos de Dios (Rm,8,15;Gál 4,5).

El cristiano nace dos veces: por generación natural de sus padres por  la que es engendrado hombre; y por generación sobrenatural de la gracia en el bautismo por la que es engendrado hijo de Dios. Y tiene, por consecuencia, dos naturalezas: una humana, engendrada de la carne, y otra divina, engendrada por el Espíritu Santo.

El bautismo es un sacramento de fe, puerta de la vida y del reino, institución de Jesucristo, y no invención de una Papa de la Historia, un acuerdo de un Concilio especial, ni un consenso de teólogos.

El bautismo produce los siguientes efectos principales: 

- borra el pecado original y todo pecado personal, si se recibe en estado adulto. El hombre que es bautizado, por muchos y graves pecados que haya cometido, recibe el perdón de todos sus pecados, sin necesidad de confesarse

- infunde la gracia, las virtudes y dones del Espíritu Santo en potencia, es decir la capacidad sobrenatural de hacerse virtuoso, de la misma manera que el hombre en su nacimiento recibe las potencias naturales para ejercitar con la práctica de ellas virtudes naturales. Podemos distinguir en el hombre a grandes rasgos dos tipos principales de potencias naturales: espirituales del entendimiento y de la voluntad y corporales de los miembros, órganos y sentidos.

Con diversos actos repetidos muchas veces, el hombre puede llegar a la virtud o perfección de esas virtudes. Pongamos algunos ejemplos: el hombre recibe en su nacimiento el entendimiento para que con su esfuerzo y ejercicio consiga la ciencia o sabiduría, la voluntad para que ejercitando actos de amor, el hombre se santifique.

- hace al hombre hijo de Dios y heredero de su gloria, de manera que con la ayuda de Dios y el esfuerzo de las buenas obras recibe la herencia eterna del Cielo, Dios mismo y poseído eternamente.

- incorpora al bautizado a la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo a la que todos los hombres pertenecen de diversa manera, principalmente por el sacramento de la misericordia infinita de Dios, que hace llegar su gracia de manera que ni siquiera el hombre puede soñar.

- realiza una conversión total de la persona, de manera que todo su ser queda convertido en santo, en cuanto al cuerpo, templo vivo del Espíritu Santo, y en cuanto al alma, en sagrario vivo de la Santísima Trinidad. El hombre sigue siendo hombre, pero hijo de Dios con una dignidad suprema que supera a todas las dignidades de la Tierra. El hombre es más por la dignidad de cristiano que por la dignidad de sacerdote, obispo o Papa;

- proporciona la capacidad de recibir los otros siete sacramentos porque es el fundamento sacramental del cristiano. Aunque en la realidad de la Iglesia Dios hace maravillas que no conocemos, de hecho, por la vía normal las gracias nos vienen por los sacramentos con los que nos alimentamos para la vida eterna.

- y es una participación en el misterio pascual, pues el bautismo conmemora y actualiza el misterio pascual, haciendo pasar a los hombres de la muerte del pecado a la vida de la gracia.         

El bautismo es un compromiso cristiano que obliga a seguir la fe de la Iglesia, es decir a cumplir los mandamientos y vivir la gracia de Dios consecuentemente en medio del mundo, siendo testigos de Cristo muerto y resucitado. Es, en definitiva, el gozo de ser cristiano que compromete a la alegría de ser hijo de Dios con la esperanza de vivir en el Cielo eternamente resucitado, en compañía de todos los santos y ángeles, en unión con Cristo resucitado y glorioso.

sábado, 7 de enero de 2023

 


El bautismo que hemos recibido por la gracia de Dios no es una costumbre española: soy cristiano porque soy español; ni un requisito esencial para pertenecer a una simple institución religiosa a la que uno se incorpora por especial vocación para cumplir unos determinados estatutos, con el fin de buscar la perfección, como por ejemplo al Opus o a los neocatecumenales; ni tampoco es una Cofradía o Hermandad en la que uno se inscribe para fomentar el culto a Dios, venerar a un santo y realizar obras santas; ni mucho menos es una acción sagrada instituida por la Iglesia para ciertos fines apostólicos o religiosos.

El bautismo es un sacramento instituido por Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, un acontecimiento misterioso, divino, una generación sobrenatural por la que por el agua y el Espíritu Santo el hombre, nacido de Adán por el pecado original, recibe la gracia, la misma vida sobrenatural de Dios participada. Es el nacimiento a la vida de Dios, el cual por el baño del agua en la palabra de vida (Ef 5,26), hace a los hombres partícipes de la naturaleza divina (Pedr 1,4) e hijos de Dios (Rm,8,15;Gál 4,5).

El cristiano nace dos veces: por generación natural de sus padres por  la que es engendrado hombre; y por generación sobrenatural de la gracia en el bautismo por la que es engendrado hijo de Dios. Y tiene, por consecuencia, dos naturalezas: una humana, engendrada de la carne, y otra divina, engendrada por el Espíritu Santo.

El bautismo es un sacramento de fe, puerta de la vida y del reino, institución de Jesucristo, y no invención de una Papa de la Historia, un acuerdo de un Concilio especial, ni un consenso de teólogos.

El bautismo produce los siguientes efectos principales:

- borra el pecado original y todo pecado personal, si se recibe en estado adulto. El hombre que es bautizado, por muchos y graves pecados que haya cometido, recibe el perdón de todos sus pecados, sin necesidad de confesarse

- infunde la gracia, las virtudes y dones del Espíritu Santo en potencia, es decir la capacidad sobrenatural de hacerse virtuoso, de la misma manera que el hombre en su nacimiento recibe las potencias naturales para ejercitar con la práctica de ellas virtudes naturales. Podemos distinguir en el hombre a grandes rasgos dos tipos principales de potencias naturales: espirituales del entendimiento y de la voluntad y corporales de los miembros, órganos y sentidos.

Con diversos actos repetidos muchas veces, el hombre puede llegar a la virtud o perfección de esas virtudes. Pongamos algunos ejemplos: el hombre recibe en su nacimiento el entendimiento para que con su esfuerzo y ejercicio consiga la ciencia o sabiduría, la voluntad para que ejercitando actos de amor, el hombre se santifique.

- hace al hombre hijo de Dios y heredero de su gloria, de manera que con la ayuda de Dios y el esfuerzo de las buenas obras recibe la herencia eterna del Cielo, Dios mismo y poseído eternamente.

- incorpora al bautizado a la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo a la que todos los hombres pertenecen de diversa manera, principalmente por el sacramento de la misericordia infinita de Dios, que hace llegar su gracia de manera que ni siquiera el hombre puede soñar.

- realiza una conversión total de la persona, de manera que todo su ser queda convertido en santo, en cuanto al cuerpo, templo vivo del Espíritu Santo, y en cuanto al alma, en sagrario vivo de la Santísima Trinidad. El hombre sigue siendo hombre, pero hijo de Dios con una dignidad suprema que supera a todas las dignidades de la Tierra. El hombre es más por la dignidad de cristiano que por la dignidad de sacerdote, obispo o Papa;

- proporciona la capacidad de recibir los otros siete sacramentos porque es el fundamento sacramental del cristiano. Aunque en la realidad de la Iglesia Dios hace maravillas que no conocemos, de hecho, por la vía normal las gracias nos vienen por los sacramentos con los que nos alimentamos para la vida eterna.

- y es una participación en el misterio pascual, pues el bautismo conmemora y actualiza el misterio pascual, haciendo pasar a los hombres de la muerte del pecado a la vida de la gracia.

El bautismo es un compromiso cristiano que obliga a seguir la fe de la Iglesia, es decir a cumplir los mandamientos y vivir la gracia de Dios consecuentemente en medio del mundo, siendo testigos de Cristo muerto y resucitado. Es, en definitiva, el gozo de ser cristiano que compromete a la alegría de ser hijo de Dios con la esperanza de vivir en el Cielo eternamente resucitado, en compañía de todos los santos y ángeles, en unión con Cristo resucitado y glorioso.         

sábado, 8 de enero de 2022

Bautismo de Jesús. Ciclo C

 

 Bautismo de Jesús

 Cuando Jesús terminó la primera etapa redentora  de su vida oculta, se despidió de su Madre y se dirigió al Jordán para ser bautizado por Juan con el fin de continuar y completar la Redención.

La palabra bautismo, de origen griego, en sentido  religioso  significa acción de lavado o purificación. No era un acto religioso exclusivamente judío, pues en los pueblos paganos de la antigüedad se celebraba, de diversas maneras, en muchas religiones politeístas. Los egipcios se bautizaban en las aguas del río Nilo, los babilonios en las del Eúfratres y los indios en las del Ganges. En algunos lugares el bautismo consistía en sacrificar víctimas humanas, ofrecidas a los dioses. Cuenta Papini en su vida de Jesús  que en Curio de Chipre, en Terracina, Marsella, en tiempos históricos indefinidos se arrojaba todos los años un hombre al mar, para que mediante el sacrificio expiatorio de su bautismo de agua el pueblo quedara purificado de sus pecados.

Bautismo en el Antiguo Testamento

El bautismo judío en el Antiguo Testamento consistía en un rito de ablución corporal, símbolo de limpieza interior o purificación de impurezas legales. Los judíos lo recibían después de escuchar la Palabra de Dios, y con el bautismo se comprometían a cumplir la Ley y se incorporaban al pueblo de Israel. Los bautizados que sentían una vocación especial para dedicarse al apostolado profético cursaban estudios bíblicos.

Bautismo de Jesús

El bautismo que Jesús  recibió fue un hecho real de visión sobrenatural, y no una alegoría contada poéticamente por autores de los primeros siglos del cristianismo con cierto simbolismo místico, como dicen algunos intérpretes  racionalistas.

Los evangelistas sinópticos solamente narran el bautismo de Jesús en el río Jordán con dos particularidades especiales: el rechazo de Juan para bautizar a Jesús y la revelación oficial del misterio de la Santísima Trinidad. 

No se sabe dónde sucedió este gran acontecimiento. Una antiquísima tradición que data del año 333 señala el lugar a unos doce kilómetros de Beisán, cerca de la desembocadura del Jordán en el Mar Muerto, junto al convento griego de San Juan Bautista.

Según se deduce del Evangelio de San Lucas (Lc 3,21), Jesús fue bautizado en una celebración comunitaria. Pudo suceder como yo imagino:

Los judíos que se iban a bautizar se situaban en fila india esperando su turno. El bautismo se solía administrar  por inmersión en el agua o por el baño de la cabeza y gran parte del cuerpo hasta la cintura. En una de las celebraciones comunitarias Jesús, de figura esbelta y elegante, que destacaba sobre los demás judíos devotos, se colocó en fila con porte exterior de profundo recogimiento, esperando su turno. Vestía  una túnica blanca de lino, que llegaba hasta los pies, sujeta a la cintura con un cíngulo. Tenía los pies desnudos, calzados con unas sandalias de tirillas de cuero atadas con hebillas. Un manto, de color granate, cubría desde sus hombros todo el cuerpo por la espalda, y se prolongaba hasta los talones de manera que los extremos caían por ambos lados con  picos desiguales. Cuando a Jesús le tocó su vez, se despojó de las vestiduras necesarias para recibir el bautismo simple, no por inmersión. Cuando Juan iba a bautizarlo clavó la mirada en sus ojos y sintió la corazonada de encontrarse en la presencia del Mesías. Entonces se resistió a bautizar a Jesús y le dijo: “¿Tú acudes a mí? Si soy yo quien necesito que tú me bautices”. Jesús le contestó: “Déjalo ya, que así es como nos toca a nosotros cumplir todo lo que Dios quiera” (Mt 3,14-15)Entonces Juan obediente a Jesús lo bautizó. En el momento en que el agua regaba la cabeza y parte de su cuerpo, el cielo se  rompió en dos mitades, como si fuera el telón de un escenario que se abre, y un rayo de luz celeste, muy potente, enfocó toda la Persona  de Jesús, quedando la Naturaleza en penumbra; y del espacio luminoso descendió una blanca paloma en ágil y rápido vuelo que se posó por encima de la cabeza de Jesús, sin tocarla, quedando en posición estática. Se hizo un impresionante y majestuoso silencio, y en medio de un ambiente sobrecogedor se dejó oír una voz sonora que decía: “Tú eres mi Hijo, a quien yo quiero, mi predilecto” (Mc 1,11), haciendo eco al chocar contra las montañas,

Todos los que estaban presentes en el río clavaron sus ojos en la Persona  de Jesús, y lo vieron rodeado en un círculo luminoso, como si desde el espacio un foco lo iluminara. Y todos quedaron ofuscados por la visión y con el corazón reventando de un gozo interior indescriptible.

La interpretación común de los Santos Padres y la Tradición entienden que en esta escena se reveló el misterio de la Santísima Trinidad, no conocido en el Antiguo Testamento. La primera Persona del Padre estaba simbolizada en la voz que hablaba; la segunda, la del Hijo, Jesús que se estaba bautizando; y la tercera, el Espíritu Santo en la paloma misteriosa de naturaleza desconocida de belleza sin igual. 

 La Iglesia resume perfectamente el significado del bautismo de Jesús con estas palabras: “El bautismo de Jesús es, por su parte, la aceptación y la inauguración de su misión de Siervo doliente... y es anticipo del bautismo de su muerte sangrienta” (Cat 536).

            ¿Por qué fue bautizado Jesús?

No se puede admitir católicamente la teoría de los ebionitas y adopcionitas del siglo II que afirmaban que “Jesús fue un pecador, como cualquier hombre, que se purificó y “divinizó” al ser adoptado por Dios en el bautismo.  También es rechazable la opinión de aquellos herejes que ven en el bautismo de Jesús solamente un signo de conversión de pecador. Estas suposiciones son contrarias a la fe católica, pues Jesús, como Dios no pecó ni pudo pecar.

La doctrina común de la Iglesia  es que el bautismo de Jesús fue un rito ejemplar de perfección, necesario a los ojos de los judíos para poder ejercer el oficio de profeta en Israel;  un símbolo del bautismo de sangre que Él iba a recibir con su muerte en la cruz; un signo del bautismo sacramental que Jesús instituiría en su momento; y el acto misterioso de comunicar al agua la virtualidad de servir de instrumento para borrar el pecado de origen y personal del hombre.  Así lo expresa la Iglesia Católica en el prefacio de la liturgia del martirio de San Juan Bautista: “Él bautizó en el Jordán al Autor del bautismo, y el agua viva tiene, desde entonces, poder de salvación para los hombres.

Bautismo, sacramento instituido por Jesucristo

El bautismo instituido por Jesucristo no es: una costumbre religiosa, familiar, local o social; un requisito esencial para poder pertenecer a la Iglesia; ni mucho menos una acción sagrada instituida por la Iglesia para poder ejercer en ella ciertos actos religiosos o  apostólicos.

Es un sacramento instituido por Jesucristo: una generación sobrenatural por la que el hombre, nacido de Adán con el pecado original, recibe la misma vida sobrenatural de Dios por el baño del agua y de la palabra de vida (Ef 5,26);  una participación de la naturaleza divina (1P 1,4) por la que el hombre se hace verdaderamente hijo de Dios (Rm, 8,15; Ga 4,5). El cristiano nace dos veces: a la vida natural por la generación de sus padres por la que es engendrado hombre; y a la vida sobrenatural por la gracia del bautismo por el que es engendrado hijo de Dios. El bautizado tiene, por consecuencia, dos naturalezas: una humana, engendrada de la carne, y otra divina, engendrada del Espíritu Santo por el agua y la palabra.  

 

sábado, 9 de enero de 2021



Terminado el ciclo de Navidad, en el que hemos celebrado el nacimiento del Señor, la Sagrada Familia, Santa María, Madre de Dios y la Epifanía del Señor, comenzamos el tiempo ordinario con la celebración de la fiesta del Bautismo del Señor.

El Bautismo que recibió Jesús en el río Jordán, de manos de San Juan Bautista, era un bautismo de conversión, de arrepentimiento de los pecados, de consagración al servicio del pueblo de Dios, no para arrepentirse de sus pecados, ni convertirse, pues por ser Dios no tenía ni podía tener pecado alguno; ni tampoco para consagrarse al servicio del pueblo de Dios, sino para dar ejemplo de perfección en el cumplimiento de la ley judía. No fue el mismo que hemos recibido nosotros, que es uno de los siete sacramentos instituido por Jesús, el más necesario para la salvación eterna, pero no el más excelente que es el de la Eucaristía.

La fiesta del bautismo del Señor nos ofrece una oportunidad para hablar del sacramento del bautismo, que gracias a Dios todos hemos recibido. 

El bautismo es un sacramento que produce entre otros tres efectos principales: infunde la gracia santificante por la que el hombre se hace hijo de Dios y heredero de su gloria, borra el pecado original, y también todos los pecados personales de quien lo recibe de adulto, y lo incorpora al Cuerpo místico de la Iglesia. 

Ante esta realidad misteriosa, cabe una pregunta: ¿Qué pasa con los millones de hombres que no se bautizan en la Iglesia Católica? ¿No son hijos de Dios, no se les perdonan el pecado original y todos los personales, y no pertenecen al Cuerpo místico de la Iglesia? 

Para contestar a esta pregunta, vamos a establecer un principio teológico enseñado siempre por la Doctrina de la Iglesia: La gracia de Dios, que es sabiduría omnipotente e infinitamente misericordiosa, hace que su gracia de salvación llegue misteriosamente a todos los hombres, de manera que cada uno pueda salvarse, si quiere, la mayor parte de las veces, por diversos e inimaginables caminos o medios, desconocidos por la ciencia teológica. Valga el ejemplo del buen ladrón que recibió la gracia de la misericordia de Dios, sin conocer a Cristo ni su doctrina, estando crucificado por sus pecados y delitos. Se convirtió por el misterio de la infinita misericordia divina, suplicando a Jesús la simple petición de un recuerdo, que se convirtió, al instante, en la posesión el Reino e los Cielo: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”. 

Aquel buen ladrón recibió la gracia de la salvación y con ella, por vía misteriosa de la misericordia divina, se le perdonó el pecado original y todos los pecados personales, quedó hecho hijo de Dios adoptivo, fue incorporado al Cuerpo místico de la Iglesia, y consiguió la vida eterna. Fue el primer santo canonizado de la Iglesia Católica. Este ejemplo es válido y da respuesta a la pregunta que antes hemos formulado: Que la gracia infinita de la sabiduría de la misericordia de Dios es la única que salva, dentro de la Iglesia, por camino que el hombre no conoce. 

El cauce normal y oficial, vía ordinaria, por voluntad de Jesucristo, es la Iglesia Católica, incluso aunque la gracia llegue a determinados hombres vía misteriosa. Expliquemos un poco esta realidad de salvación universal. 

El hombre, por el simple hecho de ser creado por Dios a su imagen y semejanza, es hijo de Dios por creación. Recibe en el seno íntimo de su ser gratuitamente la filiación divina, digamos natural, misteriosamente, en previsión de los méritos de Cristo. 

El bautismo de agua y del Espíritu Santo es el sacramento ordinario de salvación para conseguir la salvación eterna, por voluntad de Jesucristo: “ID por el mundo entero pregonando la Buena Nueva a toda la humanidad. El que crea y sea bautizado, se salvará, y el que se niegue a creer, se condenará” (Mc 16,16). Pero admite suplencias comprensibles por razones históricas evidentes, múltiples causas y circunstancias humanas, que la Iglesia resume de esta manera: 

- Bautismo de sangre para aquellos que derraman su sangre en favor de los hombres, pues, según nos dice el Evangelio, nadie ama más que el que da la vida por los hermanos. En este caso el martirio, entendido en sentido amplio de derramamiento de sangre, hace las veces del sacramento de agua y del Espíritu Santo. 

- Bautismo de deseo para aquellos millones de hombres que no conocen a Jesucristo ni pertenecen a la Iglesia Católica formalmente, pero que viven con sincero corazón la fe que conocen y en la que fueron educados. 

- Bautismo de conciencia para aquellos millones de hombres que no conocen al Dios verdadero, o profesan religiones falsas. Si obran consecuentemente en la recta conciencia del bien obrar, su conciencia equivale al bautismo. Se dice que Cicerón al morir dijo: Causa de todas las causas, ten misericordia de mí. Tal vez, a los ojos de Dios, esta frase pudo equivaler al bautismo de conciencia. 

Estos hombres, situados en estos tres estados de suplencia de bautismo, reciben los mismos efectos que el bautismo de agua y del Espíritu Santo, sin ser sacramento. 

Resumimos en principios la doctrina de la Iglesia, explicada en todos los tiempos, pero con más precisión en el Concilio Vaticano II: 

1 La gracia de Dios, infinito en sabiduría y bondad, es la única causa de salvación para todos los hombres y de todos los tiempos, por la que nos hacemos y somos verdaderamente hijos de Dios. 

2 El medio ordinario y oficial es el bautismo de agua y del Espíritu Santo, administrado en la Iglesia Católica. 

3 Pero por circunstancias históricas, humanas y otras diversas el sacramento del bautismo puede suplirse por infinitos modos, desconocidos por la ciencia teológica, que la doctrina de la Iglesia reduce a tres: el martirio, la buena voluntad en la vivencia de la fe que se conoce, la recta conciencia del bien obrar. 



sábado, 11 de enero de 2020

Bautismo de Jesús. Ciclo A


Significado del bautismo

Después de pasar Jesús en Nazaret treinta años de vida oculta, totalmente entregado a la oración y al trabajo de la vida ordinaria en obediencia, realizando su primera y larga etapa de Mesías Redentor, se dirigió al Jordán para ser bautizado por Juan Bautista, con el fin de prepararse para la segunda parte de su vida pública redentora: pasión, muerte y resurrección.

La palabra bautismo, de origen griego, significa acción de lavado, purificación. El bautismo no era un acto sagrado, exclusivamente judío, pues en los pueblos paganos de la antigüedad, desde años inmemorables, era una ceremonia corriente que se celebraba, de diversas maneras, en muchas religiones politeístas. En algunos lugares el bautismo consistía en sacrificar víctimas humanas, ofrecidas a los dioses. Refiere Papini en su vida de Cristo que en Curio de Chipre, en Terracita, Marsella, en tiempos históricos indefinidos, se arrojaba todos los años un hombre al mar, para que, mediante el sacrificio expiatorio de su bautismo el pueblo quedara purificado de sus pecados.

El bautismo judío en el Antiguo Testamento consistía en un rito de ablución corporal, símbolo de limpieza interior o purificación de impurezas legales. No era un sacramento sino un rito sagrado que recibían los judíos que, habiendo escuchado la palabra de Dios, se convertían, confesaban sus pecados de manera genérica y se consagraban al servicio del Señor. San Juan bautista aconsejaba el bautismo para prepararse para la venida del Mesías.

Bautismo de Jesús

El bautismo judío que recibió Jesús no fue una alegoría contada poéticamente con cierto simbolismo místico por autores de los primeros siglos del cristianismo, como dicen algunos intérpretes modernos racionalistas, sino un hecho real de visión sobrenatural: la revelación del misterio de la Santísima Trinidad.

Según se deduce del Evangelio de San Lucas (Lc 3,21), Jesús fue bautizado dentro de una celebración comunitaria. Cuando a Jesús le tocó su vez, Juan se fijó instintivamente en sus ojos, y sintió la corazonada de encontrarse en la presencia del Mesías. Entonces Juan, resistiéndose a bautizarlo, le dijo:
¿Tú acudes a mí? Si soy yo quien necesito que tú me bautices”.
Jesús le contestó:
Déjalo ya, que así es como nos toca a nosotros cumplir todo lo que Dios quiera” (Mt 3,14-15).

Entonces Juan lo bautizó. Y en el mismo instante de su bautismo, el firmamento se rompió en dos mitades, como si fuera el telón de un escenario, y un rayo de luz celeste, muy potente, enfocó toda la Persona divina de Jesús, quedando la Naturaleza en penumbra; y del espacio luminoso descendió una blanca paloma en ágil y rápido vuelo, que se posó por encima de la cabeza de Jesús, sin tocarla, y quedó en posición estática. La paloma ha sido tradicionalmente en la literatura profana y bíblica símbolo de amor, candor, pureza, sencillez, fidelidad y paz. Se hizo un impresionante y majestuoso silencio, y en medio de un ambiente sobrecogedor se dejó oír una voz, dulcemente sonora, que haciendo eco al chocar contra las montañas, decía:
Tú eres mi Hijo, a quien yo quiero, mi predilecto” (Mc 1,11).

La interpretación común de los Santos Padres y la teología católica tradicional entienden que en esta escena se reveló el misterio de la Santísima Trinidad, no conocido en el Antiguo Testamento. La primera Persona del Padre estaba representada en la voz que hablaba; la segunda en el Hijo, Jesús en quien se estaba bautizando; y la tercera, el Espíritu Santo, en la paloma misteriosa de belleza sin igual.
La Iglesia resume perfectamente el significado del bautismo de Jesús con estas palabras: El bautismo de Jesús es, por su parte, la aceptación y la inauguración de su misión de Siervo doliente... y es anticipo del bautismo de su muerte sangrienta” (Cat 536).

¿Por qué fue bautizado Jesús?

No se puede admitir católicamente la teoría de los ebionitas y adopcionistas del siglo II que afirmaban que “Jesús fue un pecador, como cualquier otro hombre, que se purificó y “divinizó” al ser adoptado por Dios en el bautismo”. Esta suposición es contraria a la fe católica, pues Jesús no pecó ni pudo pecar, porque es la Persona divina del Hijo humanizada, incompatible con el pecado.

El bautismo de Jesús fue un rito judío simbólico de penitencia, de consagración a Dios y en Jesucristo preparación para celebrar la segunda parte del misterio de la vida pública, pasión, muerte y resurrección, misterio pascual, y ejemplo para que los cristianos vivamos siempre la vida en conversión penitencial.