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sábado, 28 de marzo de 2026

Domingo de Ramos. Ciclo A

 



En este tiempo sagrado de Semana Santa, propicio para la oración, me parece oportuno hacer una visión esquemática, teológica y global, de la Redención de Jesús y la de sus miembros de su Cuerpo Místico que es la Iglesia.

La Redención de Jesucristo empezó inicialmente en el mismo momento en que encarnó el Hijo de Dios en el seno virginal de Santa María y se hizo hombre. Una vez nacido, la fue desarrollando paulatinamente mediante tres grandes etapas importantes: vida oculta durante treinta años aproximadamente, en la que redimió al hombre mediante la oración humana divinizada, el trabajo contemplativo de las cosas sencillas y ordinarias de la vida en obediencia; vida pública en el espacio de tres años aproximadamente por la predicación del Evangelio, realización de milagros y acciones humanas; y vida de pasión con torturas inhumanas, flagelación despiadada, coronación de espinas, espectacular viacrucis hacia el calvario, cruenta crucifixión y muerte violenta en la cruz; y, por fin, tuvo lugar la resurrección que fue el último y feliz desenlace del drama de la Redención.

 Jesús vivió la vida oculta la mayor parte de su vida para enseñarnos que la vida sencilla de oración y trabajo en obediencia es también apostólica y de pasión. En ella se han inspirado y se inspiran los Institutos de vida consagrada contemplativa y Obras que existen en la Iglesia, y la vida consagrada o simplemente cristiana en los diversos estados sociales que hay en el mundo, porque orando, trabajando y sufriendo en obediencia se hace tanto o más que haciendo, y se es apóstol en la Iglesia.

 La vida pública de Jesús fue inseparable de la vida oculta, porque la realizó conjugando en ella la vida oculta de oración y trabajo y sufriendo en obediencia al Padre, para enseñarnos que el apóstol debe predicar el Evangelio con el soporte de la vida oculta sufriente en oración con obediencia, pues quien predica y realiza obras apostólicas, sin vida interior, socializa, pero no apostoliza. En ese caso Dios lo utiliza como instrumento, pues es Él el autor de la eficacia del apostolado.

 La vida de pasión y muerte de Jesús comprende también la vida oculta y la pública, pues la realizó en el ocultamiento de vida orante cumpliendo la voluntad del Padre, que fue también apostólica.

Resumiendo: La Redención de Jesús fue vida oculta, pública y paciente simultáneamente efectuada de diversa manera en actos.

 Redención del cristiano

 Toda vocación cristiana en todas sus versiones es por su misma naturaleza oculta, pública y de pasión. Se debe vivir y realizar en estado de gracia, orando, haciendo lo que se tiene que hacer y sufriendo cumpliendo la voluntad de Dios, según la vocación que cada cristiano ha recibido del Espíritu Santo.

 


sábado, 23 de marzo de 2024

Domingo de Ramos. Ciclo B


Todas las semanas del año litúrgico son santas para la Iglesia Católica, pues todo tiempo es propio para llevar una vida cristiana, pero de una manera especial la llamada semana santa por excelencia. En ella los cristianos recordamos, celebramos y vivimos los misterios de la Pasión y Muerte de Jesús, que han calado profundamente en el pueblo cristiano. Los artistas han volcado su genio inspirado en plasmar estos misterios en  auténticas obras de arte, que ha consagrado la Historia, y han sido expuestas en templos, centros religiosos, y en los llamados pasos de Semana Santa, manifestaciones públicas de fe católica, que suscitan admiración emotiva y remoción de los más profundos y nobles sentimientos del corazón humano.

En los primeros siglos de la Iglesia, la Semana Santa se vivía, en sentido eminentemente espiritual, solamente en los templos, como corresponde a la celebración mística de la actualización y representación del Misterio Pascual. Más tarde la devoción popular suscitó la piadosa necesidad de representar en imágenes la Pasión y Muerte del Señor, que se instalaban en las Iglesias, ermitas, centros públicos y casas, como recuerdos piadosos de la fe popular. Con el correr de los tiempos se popularizaron las procesiones de imágenes sagradas con verdadero sentido cristiano, como manifestaciones de fe y respuestas al anticlericalismo, en defensa de la Iglesia Católica, que cristalizaron en Hermandades.

Hoy en el siglo XXI, la Semana Santa se ha convertido en un tiempo de vacación, que hay que invertir en lugares de diversión, ocio o descanso en las playas o en la montaña, dejando para los curiosos y turistas las procesiones, que con un fondo religioso han quedado reducidas a espectáculos procesionales de arte sacro en los  que los dirigentes de las Cofradías compiten con sus rivales por ganar la atención del público y de turismo religioso, con la participación masiva de cristianos de buena voluntad y también fanáticos, que desvirtúan en muchos casos el sentido verdadero de la fe. Y la verdadera celebración de la Semana Santa ha quedado como exclusiva para los mayores, casi de la tercera edad, que viven los misterios sacros, como en su origen, en las Parroquias de la capital, de pueblos y casas religiosas. 

¿Cómo hay que vivir la Semana Santa hoy?

No condeno, por supuesto, las procesiones de Semana Santa que recorren las calles de nuestro pueblo, de conmoción popular, y contribuyen a extender la cultura y a suscitar, de maneras muy diversas, la fe, que es un fondo es una exclusiva de la valoración de Dios, que no juzga las cosas con criterios humanos, pues los juicios de Dios no son como los juicios de Dios, nos dice la Palabra de Dos en la Biblia. Lo que sí digo, con la doctrina de la Iglesia en la mano, es que no se puede, desde la fe, celebrar la Semana Santa, a lo pagano, sin ninguna relación con la liturgia del Jueves Santo, institución de la Eucaristía, del sacerdocio y del amor fraterno, y ni sin conmemorar  la Pasión y Muerte de Jesús; y con más precisión aún no solamente con la asistencia a estos cultos, sino con la vivencia de la gracia y la participación activa, consciente y responsable en el drama sagrado de la salvación.

sábado, 27 de marzo de 2021

Domingo de Ramos. Ciclo B

 

Todas las semanas del año litúrgico son santas para la Iglesia Católica, pues todo tiempo es propio para llevar una vida cristiana, pero de una manera especial la llamada semana santa por excelencia. En ella los cristianos recordamos, celebramos y vivimos los misterios de la Pasión y Muerte de Jesús, que han calado profundamente en el pueblo cristiano. Los artistas han volcado su genio inspirado en plasmar estos misterios en  auténticas obras de arte, que ha consagrado la Historia, y han sido expuestas en templos, centros religiosos, y en los llamados pasos de Semana Santa, manifestaciones públicas de fe católica, que suscitan admiración emotiva y remoción de los más profundos y nobles sentimientos del corazón humano.

En los primeros siglos de la Iglesia, la Semana Santa se vivía, en sentido eminentemente espiritual, solamente en los templos, como corresponde a la celebración mística de la actualización y representación del Misterio Pascual. Más tarde la devoción popular suscitó la piadosa necesidad de representar en imágenes la Pasión y Muerte del Señor, que se instalaban en las Iglesias, ermitas, centros públicos y casas, como recuerdos piadosos de la fe popular. Con el correr de los tiempos se popularizaron las procesiones de imágenes sagradas con verdadero sentido cristiano, como manifestaciones de fe y respuestas al anticlericalismo, en defensa de la Iglesia Católica, que cristalizaron en Hermandades.

Hoy en el siglo XXI, la Semana Santa se ha convertido en un tiempo de vacación, que hay que invertir en lugares de diversión, ocio o descanso en las playas o en la montaña, dejando para los curiosos y turistas las procesiones, que con un fondo religioso han quedado reducidas a espectáculos procesionales de arte sacro en los  que los dirigentes de las Cofradías compiten con sus rivales por ganar la atención del público y de turismo religioso, con la participación masiva de cristianos de buena voluntad y también fanáticos, que desvirtúan en muchos casos el sentido verdadero de la fe. Y la verdadera celebración de la Semana Santa ha quedado como exclusiva para los mayores, casi de la tercera edad, que viven los misterios sacros, como en su origen, en las Parroquias de la capital, de pueblos y casas religiosas. 

¿Cómo hay que vivir la Semana Santa hoy?

No condeno, por supuesto, las procesiones de Semana Santa que recorren las calles de nuestro pueblo, de conmoción popular, y contribuyen a extender la cultura de los daimieleños y a suscitar, de maneras muy diversas, la fe, que es un fondo es una exclusiva de la valoración de Dios, que no juzga las cosas con criterios humanos, pues los juicios de Dios no son como los juicios de Dios, nos dice la Palabra de Dos en la Biblia. Lo que sí digo, con la doctrina de la Iglesia en la mano, es que no se puede, desde la fe, celebrar la Semana Santa, a lo pagano, sin ninguna relación con la liturgia del Jueves Santo, institución de la Eucaristía, del sacerdocio y del amor fraterno, y ni sin conmemorar  la Pasión y Muerte de Jesús; y con más precisión aún no solamente con la asistencia a estos cultos, sino con la vivencia de la gracia y la participación activa, consciente y responsable en el drama sagrado de la salvación.

sábado, 4 de abril de 2020

Domingo de Ramos. Ciclo A


En este tiempo sagrado de Semana Santa, propicio para la oración, me parece oportuno hacer una visión esquemática, teológica y global, de la Redención de Jesús y la de sus miembros de su Cuerpo Místico que es la Iglesia.

La Redención de Jesucristo empezó inicialmente en el mismo momento en que encarnó el Hijo de Dios en el seno virginal de Santa María y se hizo hombre. Una vez nacido, la fue desarrollando paulatinamente mediante tres grandes etapas importantes:vida oculta durante treinta años aproximadamente, en la que redimió al hombre mediante la oración humana divinizada, el trabajo contemplativo de las cosas sencillas y ordinarias de la vida en obediencia; vida pública en el espacio de tres años aproximadamente por la predicación del Evangelio, realización de milagros y acciones humanas; y vida de pasión con torturas inhumanas, flagelación despiadada, coronación de espinas, espectacular viacrucis hacia el calvario, cruenta crucifixión y muerte violenta en la cruz; y, por fin, tuvo lugar la resurrección que fue el último y feliz desenlace del drama de la Redención.

Jesús vivió la vida oculta la mayor parte de su vida para enseñarnos que la vida sencilla de oración y trabajo en obediencia es también apostólica y de pasión. En ella se han inspirado y se inspiran los Institutos de vida consagrada contemplativa y Obras que existen en la Iglesia, y la vida consagrada o simplemente cristiana en los diversos estados sociales que hay en el mundo, porque orando, trabajando y sufriendo en obediencia se hace tanto o más que haciendo, y se es apóstol en la Iglesia.

La vida pública de Jesús fue inseparable de la vida oculta, porque la realizó conjugando en ella la vida oculta de oración y trabajo y sufriendo en obediencia al Padre, para enseñarnos que el apóstol debe predicar el Evangelio con el soporte de la vida oculta sufriente en oración con obediencia, pues quien predica y realiza obras apostólicas, sin vida interior, socializa, pero no apostoliza. En ese caso Dios lo utiliza como instrumento, pues es Él el autor de la eficacia del apostolado.

La vida de pasión y muerte de Jesús comprende también la vida oculta y la pública, pues la realizó en el ocultamiento de vida orante cumpliendo la voluntad del Padre, que fue también apostólica.
Resumiendo: La Redención de Jesús fue vida oculta, pública y paciente simultáneamente efectuada de diversa manera en actos.

Redención del cristiano

Toda vocación cristiana en todas sus versiones es por su misma naturaleza oculta, pública y de pasión. Se debe vivir y realizar en estado de gracia, orando, haciendo lo que se tiene que hacer y sufriendo cumpliendo la voluntad de Dios, según la vocación que cada cristiano ha recibido del Espíritu Santo.