Como todos sabemos, hoy celebramos la fiesta
litúrgica de la solemnidad de Cristo Rey. Aprovechamos esta ocasión para explicar
el significado del nombre de Cristo Rey.
Los conceptos humanos no pueden aplicarse en
sentido literal a las realidades divinas, sino en sentido metafórico o
acomodaticio. Por consiguiente. Cristo Rey no tiene el mismo sentido que Juan
Carlos I, Rey de España, por ejemplo.
¿Por qué decimos
que Cristo es Rey?
Por dos razones principales: porque
Cristo es Dios y es Redentor de todos los hombres. Por ser Dios, es Creador de
todas las cosas, y, por consiguiente, dueño y señor de todo, rey, que tiene
dominio total y universal sobre toda la creación visible e invisible que
gobierna con omnipotente sabiduría y bondad misteriosa: y, por ser Redentor,
gobierna por medio de la Iglesia a todos los hombres a quienes redimió con su
sangre divina para la salvación eterna.
Alguien ha dicho que en los tiempos actuales
no conviene utilizar el título de Cristo Rey, porque la gente lo identifica con
un partido político extremista en ideas y acciones, que lleva este nombre: Guerrilleros de Cristo Rey. Pero esta
propuesta es antibíblica. Este apelativo está inspirado en la Biblia y no puede
sustituirse, sino explicarse en el sentido espiritual y místico que le
corresponde.
Si Cristo es Rey es porque tiene un Reino.
¿Cuál es el Reino de Cristo?
El reino de Cristo Rey es distinto a todos
los reinos del mundo en su naturaleza, composición, gobierno y fines. Es el
misterio de la Iglesia. Realidad sobrenatural humanamente inconcebible, que
puede estructurarse en ocho etapas sucesivas:
1ª CONCEPCIÓN
Hablando en lenguaje teológico, la Iglesia
tiene origen trinitario, fue
concebida eternamente por la Santísima Trinidad en la planificación de la
creación del hombre. Dios previó el pecado del hombre, y determinó eternamente
enviar a su Hijo Unigénito al mundo, para que haciéndose hombre realizara la
Redención universal de todos los hombres, mediante la Iglesia, Reino de Cristo.
2ª PREPARACIÓN
Dios, después de la creación de los ángeles,
seres espirituales celestes que formarían parte integrante de la Iglesia,
preparó el lugar donde se iba a desarrollar la Historia de la Iglesia, creando
el maravilloso mundo en que vivimos, escenario del gran misterio de la
Redención.
Creó luego al hombre en estado de gracia, elevado al orden sobrenatural y con los privilegios de la integridad, sin la concupiscencia pecaminosa, impasiblidad, libre de la muerte “El Padre eterno creó el mundo por
una decisión totalmente libre y misteriosa de su sabiduría y bondad. Pero el
hombre pecó y perdió la gracia y los dones que
Dios le había regalado.
Entonces Dios le perdonó y decidió elevar a
todos los hombres a la participación de la vida divina en su Hijo "y
dispuso convocar a los creyentes en Cristo en la santa Iglesia". Esta
“familia de Dios” se constituye y realiza a lo largo de las etapas de la historia
humana, según las disposiciones del Padre.
Por consiguiente, el reino de Cristo o la
Iglesia fue “prefigurada” ya desde el origen del mundo y preparada
maravillosamente en la historia del pueblo de Israel y en la Antigua Alianza:
se constituyó en los últimos tiempos, se manifestó por la efusión del Espíritu,
y llegará gloriosamente a su plenitud al final de los siglos (LG 2: Cat 759).
3ª INICIO
En un sentido amplio la Iglesia empezó a
existir en el mismo momento en que el
hombre cometió el pecado original y
se le anunció la venida del Redentor, Jesucristo, con estas palabras: “Pongo hostilidades entre ti y la mujer,
entre tu linaje y el suyo: ella herirá tu cabeza cuando tú hieras su talón”
(Gén 3,15). Es, por así decirlo,
la reacción de Dios al caos provocado por el pecado (Cat 761).
4ª PREPARACIÓN
Se empezó a preparar con la vocación de Abrahán y la elección de Israel
como Pueblo de Dios (Gn 12, 2; 15, 5-6). Durante siglos, a lo largo de la
historia del pueblo de Israel, Dios fue anunciando en el Antiguo Testamento la
Buena noticia en las Escrituras (LG 5), es decir la llegada del Reino de Dios.
Primero lo hizo por medio de los patriarcas y después por los profetas, hasta
que llegó la plenitud de los tiempos con el nacimiento de Jesús.
5ª NACIMIENTO
Se puede decir con propiedad teológica que la
Iglesia empezó a existir en su inicio cuando el Hijo de Dios fue engendrado en
las entrañas purísimas de Santa María por obra del Espíritu Santo; y nació en
su cabeza con el nacimiento de Jesús en Belén.
6ª FORMACIÓN
Cristo, durante su vida pública, fue formando
la estructura de la Iglesia empezando por la elección del Colegio Apostólico
con Pedro a la cabeza.
Promulgó, luego las Bienaventuranzas en el
sermón de la Montaña, que son la Constitución esencial de la Iglesia: y con su
Palabra, explicada principalmente en parábolas, y la realización de milagros
probó su condición de Hijo de Dios, Mesías, Redentor de todos los hombres.
Instruyó a sus Apóstoles sobre los secretos
fundamentales del misterio de la Iglesia, y luego, antes de subir a los Cielos,
les encomendó la misma misión que Él recibió del Padre: “Como el Padre me ha enviado, os envío yo también” (Jn 20,21), y
por fín les confirió plenos poderes para anunciar el Evangelio: santificar la
Iglesia y gobernarla hasta el fin de los tiempos con la garantía de su
presencia: “Se me ha dado plena autoridad
en el Cielo y en la Tierra. Id y haced discípulos de todas las naciones,
bautizadlos, consagradlos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, y enseñadles
a guardar todo lo que he mandado: mirad que yo estoy con vosotros cada día,
hasta el fin del mundo” (Mt 28,18-20).
“La Iglesia, enriquecida con los
dones de su Fundador y guardando fielmente sus mandamientos del amor, humildad
y renuncia, recibió la misión de anunciar y establecer en todos los pueblos el
Reino de Cristo y de Dios” (LG 5)
7ª
CONSTITUCIÓN
“Cuando el Hijo terminó la obra que el Padre
le encargó realizar en la Tierra, envió al Espíritu Santo, el día de
Pentecostés, para que santificara continuamente a la Iglesia, la constituyera y
la dirigiera con diversos dones jerárquicos y carismáticos”. (LG 4).
8ª CONSUMACIÓN
La Iglesia “sólo llegará a su perfección en la gloria del Cielo” (LG 48),
cuando Cristo vuelva glorioso. Hasta ese día “avanza en su peregrinación a
través de las persecuciones del mundo y de los consuelos de Dios (S. Agustín) en exilio. “y espera y desea con todas sus fuerzas reunirse con su Rey en la gloria”
(LG 5). Entonces, cuando las cosas de este mundo terminen y el Universo
entero sea transformado, vendrán los nuevos Cielos y la nueva Tierra, morada
eterna de los bienaventurados, se consumará la Historia de la Iglesia en el
tiempo, y se convertirá en el Reino celeste de visión, gozo y gloria de Dios
eternamente.
NATURALEZA DE LA
IGLESIA
La Iglesia es una sociedad distinta a todas
las sociedades que existen en el mundo y se pueden concebir: SOCIEDAD COMPLEJA,
realidad sobrenatural que trasciende la Historia y cuyas características son
únicas:
· visible y espiritual, visible en su estructura,
organización, funcionamiento, ministerios, miembros, organismos, edificios,
obras, signos sacramentales ...; y, a la vez, es espiritual: comunidad de fe,
esperanza y amor, mística, portadora de vida divina, gracia del Espíritu Santo:
· terrestre y celeste, peregrina en la Tierra y
morada del Cielo, donde los hombres y los bienaventurados son miembros de Ella,
por la intercomunicación de la misma vida divina y participación de los mismos
bienes celestes, aunque de distinta forma:
· divina y humana en la que Cristo, Dios,
inseparablemente unido al Padre y al Espíritu Santo, es su cabeza, su vida, su
fuerza, su gracia, en dimensión trinitaria. Está dotada de dones divinos y, a
la vez, tienen elementos humanos (LG 8), porque abarca todos los problemas del
hombre y las cosas y los orienta hacia la vida eterna.
La Iglesia, Pueblo de Dios, Reino de Cristo,
es un reino de salvación integral del hombre, de manera jerarquizada, que
incluye lo material y espiritual, lo temporal y lo eterno, como decimos en el
prefacio de la fiesta de Cristo Rey: un
reino eterno y universal: el reino de la verdad y la vida, el reino de la
santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz.
· Pueblo de Dios, congregación de todos los
hombres llamados a la salvación, que están dispersos por toda la geografía
mundial, con su diversidad de razas, cultura, multiplicidad de religiones,
ideologías humanas situaciones económicas, problemáticas personales,
familiares, y sociales.
· y, sobre todo, Cuerpo Místico,
cuya Cabeza es Cristo (1 Co 12.1-12:Col 1.15-18:LG 6-7).
COMPOSICIÓN O
MIEMBROS
La Iglesia o Pueblo de Dios está formada por:
- obispos,
sacerdotes, y diáconos que constituyen la jerarquía de la
Iglesia;
- religiosos que son cristianos de vida
consagrada a Dios en bien de la iglesia, mediante los consejos evangélicos y
otros vínculos;
- laicos, que son simplemente hijos de
Dios bautizados en su sentido propio y estricto, porque en un sentido amplio
son también miembros de la Iglesia todos los hombres del mundo, sin excepción,
pero de distinta manera;
- almas del
purgatorio que
unidas a Cristo por la gracia purificadora están en estado de salvación en
espera de la posesión del Cielo, intercediendo por los hombres:
- y santos y
ángeles del Cielo
que glorificados por la resurrección de Cristo gozan de Dios, Uno y Trino, bajo
la mirada maternal resucitada de Santa María, Reina y Señora de todo lo creado.
GOBIERNO
La iglesia está gobernada por Jesucristo mediante su Vicario en la Tierra, que es el Papa, sucesor de San Pedro, y los Obispos, sucesores de los Apóstoels, ayudados por sus colaboradores que son los sacerdotes y sus ayudante, los diáconos
FIN
El fin supremo de la Iglesia es la salvación
integral del hombre con todas sus cosas con la perspectiva final y suprema de
salvación eterna y la conversión de este mundo y toda la creación en los nuevos
cielos y en la nueva tierra.
CARACTERÍSTICAS
Las características del Pueblo de Dios son
distintas de todos los otros pueblos de la Historia. Su identidad es la dignidad y
la libertad de los hijos de Dios, en cuyos corazones habita el Espíritu Santo
como en un Templo: “su ley es el
mandamiento del amor: amar como Cristo nos amó (Jn 13,34): su misión ser la sal de la Tierra y la luz
del mundo (Mt 5.13-16): y su destino el reino de Dios que Él mismo comenzó en
este mundo, que ha de ser extendido hasta que Él mismo lo lleve también a su
perfección” (LG 9: Cat 782).